05 octubre 2012

COMENTARIOS DE LAS LECTURAS DEL DIA


VIERNES 05 DE OCTUBRE 

Job 38,1.12-21; 40,3-5¿Has mandado a la mañana o has entrado por los hontanares del mar?Salmo responsorial 138Guíame, Señor, por el camino eterno Lc 10,13-16Quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado


Jesús y los suyos tenían ya experiencia de fracaso en su trabajo evangelizador. Acababan de dejar Galilea, de donde conservaban algunos recuerdos amargos. En su paso por Samaria no les habían querido hospedar. En Jerusalén les esperaban cosas aún peores. Jesús anuncia que, al final, habrá un juicio duro para los que no han sabido acoger al enviado de Dios. Tres ciudades de Galilea, testigos de los milagros y predicaciones de Jesús, recibirán un trato mucho más exigente que otras ciudades paganas: hoy se nombra a Tiro y Sidón, y ayer a Sodoma. Los de casa -el pueblo elegido, los israelitas- son precisamente los más reacios en interpretar los signos de los tiempos mesiánicos. Lo que le pasó a Cristo le pasa a su comunidad eclesial, desde siempre: bastantes llegan a la fe y se alegran de la salvación de Cristo. Pero otros muchos se niegan a ver la luz y aceptarla. No nos extrañe que muchos no nos hagan caso. A él tampoco le hicieron, a pesar de su admirable doctrina y sus muchos milagros. La libertad humana es un misterio. Jesús asegura que el que escucha a sus enviados -a su Iglesia- le escucha a él, y quien les rechaza, le rechaza a él y al Dios que le ha enviado. Ése va a ser el motivo del juicio. No valdrá, por tanto, la excusa que tantas veces oímos: "yo creo en Cristo, pero en la Iglesia, no". Sería bueno que la Iglesia fuera siempre santa, perfecta, y no débil y pecadora como es (como somos). Pero ha sido así como Jesús ha querido ser ayudado, no por ángeles, sino por hombres imperfectos. Jesús nos enseña a reaccionar con cierta serenidad ante el rechazo del mundo. Que no pidamos que baje un rayo del cielo y destruya a los no creyentes. Ni que mostremos excesivo celo en eliminar la cizaña del campo. Nos pide tolerancia y paciencia. Aunque hoy también nos asegura que el juicio, a su tiempo, dará la razón y la quitará.

Después del silencio de Dios, ahora escuchamos su respuesta a Job y a sus amigos. Habla desde la tormenta, subrayando la grandeza de su poder. No es, en rigor, una respuesta racional al interrogante. A lo más que llega la reflexión sapiencial del libro de Job es a constatar que Dios lo sabe todo, que son impenetrables sus designios y que nos deberíamos fiar de él, que conoce los secretos del cosmos y de la vida y de la muerte. Por eso Job adopta una actitud de humilde aceptación: "me siento pequeño, ¿qué replicaré?". Se queda sin habla y decide callar. El silencio como respuesta sabia, sin pretender dar respuesta a lo que se sabe que no la tiene. Nosotros, además de apoyarnos en el inmenso poder y sabiduría de Dios, hemos aprendido de Jesús a recordar más el amor que Dios nos tiene. Y aunque tampoco sepamos explicar el misterio, por ejemplo, de la muerte prematura e injusta, tenemos mayores motivos para confiar en los designios de Dios. Él no es el que quiere el mal, ni lo permite -el mal no es de él- sino que saca bien para nosotros incluso del mal. Tampoco parecía tener sentido la muerte del Inocente por excelencia, Jesús, pero resultó ser la salvación para todos. Dios ha asumido el dolor y le ha dado un valor de redención y de amor. ¡Qué serenidad nos infunde el salmo 138, invitándonos a poner toda nuestra confianza en el Dios que nos conoce y nos ama!: "Señor, tú me sondeas y me conoces... tú has creado mis entrañas...te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras"

28 septiembre 2012

COMENTARIO A LAS LECTURAS DEL DIA

  Hay tiempo para todo. Y es de sabios saber hacer cada cosa a su tiempo. Ya conté hace unos días la historia de san Francisco de Asís que, cuando envió a sus frailes a evangelizar a los musulmanes les dijo: “Evangelizad siempre. Hablad sólo cuando sea necesario.”

No hay que dudar que Jesús es el modelo del evangelizador. Los creyentes tenemos que mirar a él para saber cómo comportarnos. Pues bien, dedicó muy poco tiempo en su relación con los discípulos a meditaciones del tipo de la del evangelio de hoy. Jesús no se centra en conseguir que sus discípulos confiesen expresamente su fe. Tampoco suele pedir muchas precisiones teológicas a las personas con las que se encuentra. Él multiplica los panes, cura a los enfermos, libera a los endemoniados, ataca sin piedad a los fariseos y escribas que cargan a los demás con pesos insufribles, pero no exige a sus seguidores que se aprendan un catecismo entero, con sus preguntas y respuestas. Lo único que hace es estar con ellos, dejar que le acompañen, que vayan viendo y que vayan descubriendo su mensaje.

Hay veces que ni siquiera los apóstoles entienden a Jesús. El ejemplo de Pedro es palmario. En un momento determinado le tiene que decir con fuerza que se parte de él porque no ha entendido nada. Si tan cortos de entendederas eran los apóstoles, cuánto más los otros que se encontraban accidentalmente con él. Y sin embargo, a nadie echa de su compañía. A todos los acoge, les regala buenas palabras y les llena de esperanza.

Hoy podemos intentar responder a la pregunta que Jesús hace a sus discípulos. Quizá no nos salga una respuesta tan clara y contundente como la de Pedro. Quizá en el fondo no entendamos bien a este galileo ni su forma de comportarse. Quizá a veces nos parezca poco prudente o demasiado radical. Pero lo que tenemos que seguir escuchando es su invitación a seguirle, a estar con él, a escucharle. Aunque no respondamos perfectamente, aunque nuestra vida tampoco sea la traducción práctica de la respuesta perfecta, Jesús no nos expulsa de su lado. Tiene mucha paciencia. La que tuvo con todos los que se encontró. La que tuvo con los apóstoles. Nos da tiempo. Porque sabe que el amor de Dios terminará haciendo su trabajo y haciéndonos descubrir que el amor es lo único que vale verdaderamente la pena en nuestra vida.                                         

Fernando Torres Pérez cmf

Ciudad redonda

26 septiembre 2012

OCTUBRE INICIO DEL AÑO DE LA FE


Objetivos del Año de la fe
¿Qué sentido da el Papa a este Año de la fe? ¿Qué objetivos pretende con él? Pienso que la respuesta la hallaremos en los dos documentos con los que fueron convocados los dos años de la fe después del Concilio Vaticano II: el de Pablo VI (1967) y ahora el de Benedicto XVI:

1) "Para confirmar nuestra fe rectamente expresada" (Pablo VI), "redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada" (Benedicto XVI).

2) "Para promover el estudio de las enseñanzas del Concilio Vaticano II" (Pablo VI), "con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza" (Benedicto XVI).
3) "Para sostener los esfuerzos de los católicos que buscan profundizar las verdades de la fe" (Pablo VI); "intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo" (Benedicto XVI).

A estos fines comunes a los dos Papas, Benedicto XVI añade, fijándose en las circunstancias actuales, algunos más:

1) "Invitar a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador
del mundo".

2) "Comprometerse a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe".

3) "Suscitar en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza".

4) "Comprender de manera más profunda no sólo los contenidos de la fe sino, juntamente también con eso, el acto con el que decidimos de entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios".

Este último objetivo es el que más recalca el Papa Ratzinger. Le interesa subrayar la inseparabilidad del acto con el que se cree y de los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento:

El acto de fe sin contenidos nos conduce a la total subjetivación de la fe.

Los contenidos, sin el asentimiento de la fe, instruyen nuestra mente, pero no nos unen a Dios ni son capaces de transformar nuestra vida, de convertirla al Dios vivo. Sólo si la profesión de fe desemboca en confesión del corazón podemos hablar de una fe madura, bien formada, capaz de producir frutos en los demás.

Libro privilegiado del Año de la fe

El año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados en el Catecismo de la Iglesia Católica (Porta fidei, no. 11).

Si de lo que se trata es de reavivar e infundir una nueva linfa a la fe de los creyentes en Cristo, el Catecismo es el camino seguro para conseguirlo. En él se resume y expresa la fe de toda la Iglesia desde sus orígenes hasta nuestros días. En él hallamos:
la fe que profesamos (credo)
la fe que celebramos (liturgia)
la fe que vivimos (moral)
la fe que rezamos (oración)



En nuestro tiempo, en el que los contenidos objetivos de la fe cristiana son muchas veces devaluados, sometidos a crítica destructiva, preteridos, ha llegado el momento de apuntar el zoom sobre la fe en toda su riqueza de doctrina, fruto de veinte siglos de reflexión y de vida. 

23 septiembre 2012

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DIA

LECTURAS DEL DIA 23 DE SEPTIEMBRE 2012 . Domingo 25º del Tiempo Ordinario - Ciclo B
Todo lo que tenemos, todo lo que somos es regalo gratuito de Dios. Dependemos totalmente de él. Demos gracias al Padre ofreciéndole este día.

Primera Lectura (Sab 2,12.17-20): El Justo es rechazado
La fe del justo es una silenciosa acusación contra los de poca o de ninguna fe. Por eso los justos son ridiculizados y perseguidos.
Salmo (Sal 53,3-4.5.6 y 8)
R/.
El Señor sostiene mi vida
Segunda Lectura (Sant 3,16-4,3): El verdadero Cristiano es Pacificador.
¡Cuánta más paz habría en el mundo si los cristianos no cediéramos al mal en nuestros corazones!
Evangelio (Mc 9,30-37): El Niño como Modelo
¿Quién es el mayor? ¡En el Reino de Dios, los pequeños!

COMENTARIO:
Jesús continúa con sus discípulos la enseñanza sobre la cruz que había iniciado en Cesárea de Filipo. La incomprensión y oposición que esta enseñanza provoca hace que Jesús la limite exclusivamente a los más cercanos y que evite el encuentro con las masas. En verdad el mensaje de la cruz sólo puede ser comprendido en el trato personal con el Maestro y, aún así, entenderlo y, sobre todo, aceptarlo no es cosa fácil. Y más si nos damos cuenta de que la cruz no es sólo la aceptación resignada de males que no podemos evitar, sino también un destino elegido. Esta es la clave que nos ofrece la primera lectura. Como un eco de los poemas del siervo de Yahvé del segundo Isaías (cf. Is 42, 1-7; 49, 1-7; 50, 4-9; 52, 13-15. 53, 10) este texto nos habla de la persecución del justo, que, en un dramático crescendo, llega hasta la condena a una muerte ignominiosa. Existen, de hecho, formas pasivas de presencia de la cruz que no podemos ni debemos buscar, como la enfermedad o la pobreza. Son males indeseables que, cuando resultan inevitables, hemos de tratar de sobrellevar, descubriendo en ellos un sentido que nos une a la cruz de Jesucristo. Pero, en la medida en que podamos evitarlos, debemos hacerlo. Jesús mismo alivia el hambre y la enfermedad de los que sufren, enseñándonos con ello que también nosotros debemos ayudar a los que padecen a superar sus males.
En cambio, el texto de la Sabiduría nos habla de una forma de sufrimiento que procede de la propia coherencia de vida, del compromiso con la verdad y la justicia, de la fidelidad a la propia conciencia y a Dios. No es raro que esta fidelidad y coherencia se atraigan la enemistad de algunos, del ambiente dominante que nos rodea, que no puede soportar un comportamiento que, por sí mismo, y aun sin pretenderlo, es una denuncia que pone al descubierto la inmoralidad entorno. La consecuencia de esta coherencia suele ser el rechazo y la persecución, en ocasiones incruenta (ridiculizar, difamar, hacer el vacío…), pero que a veces llega hasta el derramamiento de sangre. Se trata así de acallar la voz incómoda del profeta, presionándola para que se amolde a formas de mal socialmente aceptadas. Y, ante esta presión, el perseguido tiene que hacer una elección. Puede ceder y evitar la persecución adaptándose, y renunciando así a su propia conciencia, a sus convicciones morales o religiosas. Pero, a diferencia de las otras cruces, que en lo posible deben ser evitadas, aquí la única opción válida es la de aceptar la persecución para mantenerse fiel a uno mismo, al bien, la verdad, la justicia y la fe. Es decir, esta forma de cruz, si se presenta, ha de ser expresamente elegida, y siempre debemos estar en la disposición de cargar con ella. Así hay que entender este caminar lúcido y libre de Jesús hacia Jerusalén, donde sabe que le espera un proceso injusto y una muerte ignominiosa.
Este es el sentido de las palabras con las que Jesús cerraba el evangelio de la semana pasada: “el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará”. Estas palabras nos ayudan a comprender que elegir esta forma de cruz no tiene nada que ver con una especie de masoquismo espiritual, ni de heroísmo trágico. El anuncio de la pasión va acompañado de la profecía de la resurrección. El mensaje de la cruz es un mensaje pascual, que sin ocultar el rostro terrible y amenazante de la muerte, y una muerte de cruz (es decir, atroz e injusta), habla también del triunfo final del bien, de la justicia y de la Vida.
La instrucción a los discípulos, que de momento son incapaces de entender, significa que quien sigue a Jesús ha de aceptar no sólo el hecho de su trágico final, sino la disposición a vivir del mismo modo que él, con la misma coherencia y con las consecuencias negativas que pueden sobrevenir, como el único camino de salvación verdadera. Es una instrucción importante porque, como se ve en el texto de hoy, mientras Jesús les habla de su próxima pasión, ellos están preocupados por el éxito en este mundo, por alcanzar posiciones de prestigio y poder, que incluso se disputan entre ellos. Se puede decir que, al menos de momento, están en ondas completamente distintas. Pero Jesús no desespera por ello. Al contrario, toma pie en esa discusión de los apóstoles para introducirlos en la sabiduría de la cruz por la vía pedagógica del espíritu de servicio.
Frente a la lógica del poder, que busca el reconocimiento, la fama, la riqueza, el ser servido, Jesús propone otra forma de primacía: por un lado, hacerse servidor. No se trata de adoptar un espíritu servil, sino de hacer una libre elección. El servicio realizado libremente es parte de la esencia del amor. Pero, para ello, hay que dejar a un lado las actitudes arrogantes y autosuficientes. Y aquí entra en juego la enseñanza sobre los niños. Estos eran en la cultura del momento el prototipo de la insignificancia social. Jesús toma un niño y lo abraza, y lo señala como “el primero” y el más importante. Es claro que para los apóstoles el más importante era Jesús, al que confesaban como Mesías e Hijo de Dios. Pues bien, Jesús les dice que para acogerle a él, el más importante, tienen que acoger a los que, según los parámetros sociales, carecen de importancia, como ese niño, del que hace sacramento de su persona; y acogiéndole a él en los más pequeños acogen al mismo Dios. El verdadero camino de seguimiento de Jesús, que conduce a la salvación y a la vida, es el camino de la pequeñez (como la “infancia espiritual” de santa Teresa de Lisieux), del servicio y de la cruz.
La carta de Santiago nos da un cumplido ejemplo de esta sabiduría de la cruz. Cuando uno elige “ser importante”, “el más importante”, surge inmediatamente el conflicto, la envidia, la rivalidad, el desorden y toda clase de males. Esto es lo que sucede cuando uno pretende ante todo dar satisfacción a sus pasiones, poniendo a su servicio a los demás y las cosas más sagradas. Como atestigua Santiago, esto puede pasar incluso en el seno de la comunidad cristiana. Lo que indica hasta qué punto muchos creyentes siguen y seguimos sin entender ni aceptar el camino de la cruz y del servicio que nos propone Jesús. Y si esto es así, ¿qué testimonio pueden (podemos) dar? ¿Cómo anunciar el evangelio de Jesucristo, del amor y de la paz, si vivimos en contradicción con la enseñanza de nuestro Maestro? Cuando tal sucede, ¿no estamos volviendo sosa la sal y escondiendo la luz bajo el celemín? (cf. Mt 5, 13-16). Una fe vivida de modo tan incoherente hace estéril nuestra vida y vacía nuestra oración. Pero, no lo olvidemos, los discípulos tampoco entendieron enseguida las enseñanzas de Jesús. Igual que ellos, también nosotros estamos en camino, y tenemos la posibilidad de volvernos a la escucha de la Palabra, que es el mismo Cristo, y que nos comunica la sabiduría que viene de arriba, con sus actitudes de paz, comprensión, tolerancia y misericordia, y que da frutos de justicia y buenas obras, de servicio constante y sincero. Esta es la consecuencia de la escucha, acogida y comprensión de la Palabra del Señor, de la sabiduría de la cruz: convertirnos en mensajeros y agentes de paz, primero en la propia comunidad cristiana y, después, en el mundo entero.
                                                                                         (Ciudad redonda)

31 agosto 2012

PERFECCIONAMIENTO Y FORMACION PERMANENTE

Taller de catequesis en Hijuelas

Decanato Nuestra Señora del Carmen del Aconcagua

Durante el mes de agosto, la Comisión diocesana de Catequesis ofreció en el decanato Nuestra Señora del Carmen del Aconcagua, un taller de formación para catequistas.
Durante tres jueves (2, 9 y 16), cerca de 50 catequistas del decanato se reunieron con la Comisión para reflexionar y profundizar en la importancia de su Ser (más que Quehacer) de Catequista. Junto a esto, los caminos de renovación, la espiritualidad y la planificación estuvieron presentes en el taller como temas fundamentales.
Agradecemos a los párrocos de este decanato su iniciativa y las diversas gestiones que facilitaron el desarrollo de este taller para sus catequistas. Desde la Comisión Diocesana de Catequesis damos también gracias a Dios por acercarnos a nuestra gente de La Calera, Hijuelas, Nogales y El Melón.

21 agosto 2012

GRADUACION DE CATEQUISTAS

13ª GRADUACIÓN DE CATEQUISTAS



El pasado viernes 27 de julio se realizó solemnemente la graduación de la 13ª promoción del Plan de Formación permanente que por mucho tiempo ha llevado adelante la Comisión Diocesana de Catequesis. 
Luis Aravena Leighton, Ivonne Figueroa Urbina, Andrea Gómez Martínez, Luisa Tapia Delgado acompañados de familiares y amigos participaron de la celebración eucarística y recibieron su diploma dando gracias a Dios por esta oportunidad de formación.

Junto a ellos, la Comisión Diocesana de Catequesis agradeció el interés y participación de los catequistas en estas instancias formativas y los animó a continuar formándose en todas las áreas que involucra la catequesis.
Terminada la eucaristía, la celebración continuó en un fraterno ágape que terminó por completar la alegría y la acción de gracias a Dios por sus bendiciones.


Además de estos graduados, varios catequistas continúan con sus correspondientes niveles de formación. A ellos los animamos a continuar con el mismo espíritu de responsabilidad y disposición para poder coronar sus esfuerzos en la próxima graduación.




20 julio 2012

TALLER DE CATEQUESIS EN CLAVE DE RENOVACION

Taller de recursos Metodológicos
   Hacia la renovación de la  catequesis

El pasado sábado 14 de julio se realizó el Taller de Formación de la Catequesis para todos los catequistas de la Diócesis de Valparaíso. Concurrieron a este encuentro cerca de 90 personas.
El Padre Jaime Godoy, Director Diocesano de la Comisión de Catequesis dio la bienvenida a todos los asistentes, y luego Ana María Ponce, Secretaria Ejecutiva de esta pastoral, comenzó el encuentro con la oración y presentación del primer expositor.

El taller constó de dos partes, la primera de ellas en la mañana a cargo del Psicólogo Michel Bahamondes, quien en primer lugar invito a todos los asistentes a participar de una actividad didáctica, donde se tenía que construir un joven hombre o mujer, con los elementos que estuvieran al alcance en ese momento, es decir, un muñeco totalmente ecológico.
Cabe destacar que todos los muñecos fueron de sexo femenino, lo que llamó la atención y quedó en claro que la Iglesia es femenina y también la participación de todos en la construcción de la misma, ya que tenían que ponerle nombre e historia personal, que luego se compartió en el auditorio. Instó a que se debe acoger al Joven en la Iglesia, no cerrarles las puertas, ser comprensivos, ya que la adolescencia no es adolecer de algo, sino que ellos van en busca de algo y eso no se comprende, y los adultos generalmente no los entienden, los dejan de lado y los usan.
El Psicólogo Bahamondes ofreció la palabra y hubo preguntas e inquietudes por parte de los asistentes, las que respondió y aconsejó también a los guías asistentes, quienes como padres tenían dudas respecto a cómo deben enfrentar los cambios de sus hijos adolescentes.
La segunda parte del taller, se desarrolló después del almuerzo, con los expositores Hernán Urzúa y Tamara Patiño, ambos profesores de Religión, quienes enseñaron a los asistentes, las diferentes formas de realizar un encuentro de catequesis, dando las directrices para poder enfrentar a un grupo de niños, jóvenes o papás. Realizaron una dinámica llamada La entrevista, en la que se debía hacer una mini agenda con horarios para luego entrevistar a los que estaban anotados, fue un momento grato, ya que se pudo intercambiar ideas, experiencias y opiniones entre todos los asistente.

La otra actividad fue crear un encuentro, en base al tema entregado por ellos, en un tiempo determinado, lo que hizo que se trabajara en grupo de 7 personas, usando los recursos que se habían dado en la exposición de Tamara. Hernán ofreció la palabra para opinar sobre el tema, y hubo una joven catequista que dio a conocer su inexperiencia, ya que era por primera vez que tomaba un grupo, y que con esta exposición y directrices ya no tenía miedo de enfrentarse a su nuevo desafío.
El taller terminó a las 17.30 horas, y todos los asistentes se fueron muy complacidos con los vivido en ese día, sobre todo para quienes venían por primera vez y no tenían la experiencia de los años, y pudieron llevarse los conocimientos para enfrentar un grupo.


Rosa Vivar, catequista parroquia Nuestra Señora de Fátima.


08 julio 2012

LITURGIA DE LA PALABRA


Domingo 8 de Julio 2012

Lectura de la Profecía de Ezequiel. Ez 2, 2-5
Un espíritu entró en mí y me hizo permanecer de pie, y yo escuché al que me hablaba. Él me dijo: Hijo de hombre, Yo te envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra mí; ellos y sus padres se han sublevado contra mí hasta el día de hoy. Son hombres obstinados y de corazón endurecido aquellos a los que yo te envío, para que les digas: “Así habla el Señor”. Y sea que escuchen o se nieguen a hacerlo -porque son un pueblo rebelde- sabrán que hay un profeta en medio de ellos.
Palabra de Dios.

SALMO Sal 122, 1-4
R. Nuestros ojos miran al Señor, hasta que se apiade de nosotros.
Levanto mis ojos hacia ti, que habitas en el cielo. R.
Como los ojos de los servidores están fijos en las manos de su señor
y los ojos de la servidora en las manos de su dueña:
así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios,
hasta que se apiade de nosotros. R.
¡Ten piedad, Señor, ten piedad de nosotros,
porque estamos hartos de desprecios!
Nuestra alma está saturada de la burla de los arrogantes,
del desprecio de los orgullosos. R.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Cristianos de Corinto. 2Cor 12, 7-10
Hermanos: Para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de Satanás que me hiere. Tres veces pedí al Señor que me librara, pero él me respondió: “Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad”. Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Palabra de Dios.

EVANGELIO
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos. Mc 6, 1-6a
Jesús se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: “¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?”. Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Por eso les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de sanar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe.
Palabra del Señor.

COMENTARIO
Dios muestra, por medio de la misión de Ezequiel, que “hay un profeta en medio del pueblo”, es decir, que la Palabra de Dios resuena en medio de ellos, que Dios no los abandona sino que quiere iluminarlos en medio de las tinieblas.


Nuestra vida siempre llevará las marcas del dolor. Y eso siempre nos recordará nuestra condición humana, nuestra limitación y fragilidad. Reconocer esto nos lleva a vivir con humildad y dejar de lado nuestra prepotencia y soberbia.
Jesús es el hijo de Dios, viene del Padre, pero también tiene una historia humana, una familia, un entorno social. De ese ambiente, saldrá a anunciar el Reino con sus palabras y milagros, pero sin olvidar su origen o a su gente.

01 julio 2012

LECTURAS DEL DOMINGO 1 de Julio 2012


 DOMINGO 13º durante el año

PRIMERA LECTURA
Lectura del Libro de la Sabiduría. Sab 1, 13-15; 2, 23-24
Dios no ha hecho la muerte ni se complace en la perdición de los vivientes. Él ha creado todas las cosas para que subsistan; las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas ningún veneno mortal y la muerte no ejerce su dominio sobre la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza, pero por la envidia del demonio entró la muerte en el mundo, y los que pertenecen a él tienen que padecerla.
Palabra de Dios.

SALMO Sal 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b
R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría. R.
Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor.
Tú convertiste mi lamento en júbilo.
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Cristianos de Corinto. 2Cor 8, 7. 9. 13-15
Hermanos: Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud por los demás, y en el amor que nosotros les hemos comunicado, espero que también se distingan en generosidad. Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza. No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. En el caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes. Así habrá igualdad, de acuerdo con lo que dice la Escritura: “El que había recogido mucho no tuvo de sobra, y el que había recogido poco no sufrió escasez”.
Palabra de Dios.
s.
EVANGELIO
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos. Mc 5, 21-43
Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva”. Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: “Con sólo tocar su manto quedaré sanada”. Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?”. Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?”. Pero El seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad”. Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”. Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”. Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”. Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!”. En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.
Palabra del Señor.

COMENTARIO
El Evangelio presenta un altísimo contraste entre la incapacidad humana ante la enfermedad y la muerte, por un lado, y por otro la fuerza impresionante de la fe. La hemorroísa llevaba doce años enferma, una enfermedad de esterilidad, terrible para una mujer en tiempos de Jesús. Había recurrido a todos los medios humanos, pero todos habían resultado un fracaso. No sólo no mejoró, sino que había empeorado. La mujer, en su trágica situación, está desesperada. La incapacidad humana es manifiesta. La única actitud ante tal incapacidad es la fe. Lo que el hombre, con todos sus medios, no puede hacer, lo puede lograr el poder de la fe. Con esta convicción se acerca a Jesús, le toca con la mano y con la fe, y queda curada. A Jairo le sucede lo mismo. Su hija ha muerto. Ya no hay remedio: la muerte ha vencido. No pertenece a la experiencia humana el poder volver a la vida. Pero la fe es más fuerte que la muerte. Y por eso Jesús dirá a Jairo: “No temas. Basta con que tengas fe”. Y Jairo con la fe dio por segunda vez la vida a su hija. ¡Magníficos ejemplos de la fuerza de la fe!. 

| Fuente: Catholic.net ),

21 junio 2012

DIA DE REFELIXION Y CELEBRACIÓN


Día del Catequista 2012

En el contexto de la Misión Joven el día 19 del pasado mes  Mayo, en el Colegio Juana Ross de Edwards,  fue celebrado el Día Nacional del catequista en nuestra Diocesìs de Valparaíso.
Bajo el lema “Misioneros de una fe joven”, más de 400  catequistas de los diferentes decanatos acogieron la inviatciòn de la Comisión Diocesana de Catequesis para celebrar y  reflexionar en este día de fiesta.
Se hizo un reconocimeinto especial con la entrega de  diplomas y un presente  a todos los catequistas que cumplen 20 y más años de entrega generosoa en esta hermosa labor, también  para  los nuevos catequistas a quienes se les confía la labor de evangelización.
Fue un día muy bonito del que, seguro, todos, salieron más animados e ilusionados a seguir en esta tarea tan bonita de acompañar a los niños, adolescentes, jóvenes y adultos, en su crecimiento como cristiano y de encuentro con Jesús.
La reflexión y la oración se centró en LA PALABRA. gracias CATEQUISTAS, sigan trabajando con alegría e ilusión.

20 junio 2012

TALLERES DE CATEQUESIS RENOVADA

Queridos/as Catequistas:

Les hacemos llegar  un saludo fraterno,  que la  paz y amor de Jesús el Señor les anime y fortalezca en el servicio que realizan.

Es nuestro  objetivo y deseo el  ofrecer instancias de formación y de nuevos aprendizajes para  la tarea de la Catequesis renovada en  nuestra Iglesia.

Se hace  necesario  continuar con la  formación permanente de los catequistas. Ustedes  merecen ser acompañados  para desempeñar con mayores fundamentos y herramientas la tarea eclesial que realizan.



Por lo mismo la Comisión  Diocesana de  Catequesis  quiere desde ya invitarles  a participar en los "TALLERES  DE INVIERNO 2012", que se impartirán el día 14 de julio. Lugar y horario por confirmar.

Con confianza e ilusión esperamos que cada comunidad parroquial, escolar  y movimientos aproveche este espacio privilegiado que va en ayuda de la evangelización: para el proceso de educación de la fe y del encuentro con Jesús en el corazón  de niños, jóvenes y Adultos. 



Contando con  su acogida y participación.

Se despide atentamente En Cristo.

Comisión Diocesana de Catequesis


17 junio 2012

VIDEO EVANGELIO DEL DIA

COMENTARIO DEL DOMINGO Evangelio:Marcos 4,26-34. Undécimo Domingo del tiempo ordinario                                Escuchar perseverantemente la Palabra, aunque a veces no la acabemos de entender; asistir con fidelidad a la reunión eucarística, aunque a veces “no nos diga nada”; mantener vivo el vínculo con Dios en la oración, pese a los momentos de sequedad…, son formas de vivir la fe con confianza, esperanza y responsabilidad que siempre acaban dando fruto. Puede ser que esos frutos se nos antojen casi insignificantes, ante la magnitud de los problemas y los poderes del mundo. Pero esa pequeñez insignificante es precisamente a lo que se parece el Reino de Dios: como el arbusto de la semilla de mostaza; no es un árbol (como el árbol grandioso que se describe en la primera lectura, una imagen, tal vez, de nuestros sueños de grandeza), pero es suficiente para que los pájaros puedan anidar en sus ramas y encontrar así sombra y cobijo. La fe confiada que actúa es una fe que sí sirve, es decir, que está al servicio. Así han de ser nuestras obras: no grandiosas en su apariencia, pero sí capaces de ofrecer humildemente acogida, consuelo, descanso. Estos son ya signos de la presencia entre nosotros del Reino de Dios, son los frutos de la fe confiada y perseverante, los que podemos ir dando en nuestra vida, si nos aplicamos con perseverancia a la acogida de la semilla, a la escucha de la Palabra que es el mismo Jesús. Para ello tenemos que acudir a Él, procurar estar con Él, como aquellos discípulos que le acompañaban por los caminos de Galilea, a veces con entusiasmo, a veces desanimados, para que, igual que a ellos, nos lo explique todo en privado y, de esta forma, nos ayude a entender y nos dé ánimo para seguir caminando.

16 junio 2012

CELEBRAMOS LA MEMORIA DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA. UN CORAZÓN, LLENO DE DIOS.


Sábado después del Domingo II después de Pentecostés:
 El Corazón Inmaculado de María      

Texto del Evangelio (Lc 2,41-51): 

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. 
Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando». Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

El Evangelio de hoy nos hala de que...

«su madre guardaba todas estas cosas en su corazón» (Lc 2,51).

«Dios se deja contemplar por los que tienen el corazón purificado».

¿Qué guarda María en su corazón?

Si ayer celebrábamos la fiesta del Corazón de Jesús, hoy la Iglesia nos invita a celebrar el Corazón de la Madre. Juntos.

De María nos dice Lucas en el evangelio que lo conservaba todo en el corazón. Los grandes acontecimientos de María pasados por el corazón, lugar donde se discierne la voluntad de Dios.

En lo más íntimo de su persona es donde uno aprende a descubrir el paso de Dios por su vida. Las cosas que nos se entienden a la primera, se descubren en la profundidad del corazón: silencio, reflexión, oración.

En su Corazón, María pudo descubrir lo que Dios quería de ella cuando el ángel de la anunciación. De Corazón pudo responder sí, hágase. Sí, hágase: porque así se responden a las preguntas que hace Dios.

Desde el Corazón se puso en camino para socorrer a Isabel. Cuando flaquean las piernas camina el corazón.
Con todo el Corazón vivió la llegada de la nueva criatura al mundo, aunque no tuvieran sitio en la posada… Ni en todo el país: con la huida a Egipto.
De Corazón intercedió por aquellos jóvenes esposos que se quedaron sin vino.
Con Corazón de madre entendió que su hijo la felicitara no por haberle amamantado, sino por ser una fiel discípula.


01 junio 2012

EVANGELIO DIARIO





Comentario al Evangelio del Viernes 01 de Junio del 2012

El evangelio de hoy es uno de los pasajes que más me conmueven al pensar en la humanidad de Cristo. Quizá nos hemos acostumbrado pero la verdad de nuestra fe al afirmar que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, nos convierte a los cristianos en gente realmente osada.

Jesús tiene hambre. Camina, está cansado y nada hay para comer en ese momento porque pasan por una higuera “pero no es tiempo de higos”. Ni corto ni perezoso, en lugar de utilizar su poder divino para hacer florecer la higuera y disfrutar sus frutos, se enfada con ella, la maldice y la seca de raíz.

Este pasaje enmarca la expulsión de los mercaderes del Templo en el evangelio según san Marcos. Posiblemente los discípulos y el mismo Marcos se sintieron obligados a dar alguna explicación para tal comportamiento. Si se tratara de un adolescente, no hubiera sido más que una rabieta… Si aplicamos un tratado de moral clásica, Jesús se hubiera llevado por delante buena parte de las virtudes cristianas. Y sin embargo, el evangelio aprovecha este hecho para animarnos a crecer en la fe y en la perseverancia en la oración.

Para mí no deja de ser un misterio. Estamos demasiado acostumbrados a no tomar en serio la humanidad de Jesús, nuestro Dios y Señor. Y a veces, defendemos lo indefendible. Con lo fácil que sería adorar el misterio, sonreir ante la enorme sencillez de Cristo y la grandeza de su humanidad que nos salva y nos hace más humanos.

Hoy recordamos a San Justino, filósofo y mártir, “el más importante de los padres apologistas del siglo II”, según Benedicto XVI. Es un buen intercesor para pedir hoy a Dios que nos enseñe a contemplar sin escandalizarnos, la grandeza de la humanidad de Cristo, su claridad, su fe, su íntima unidad con el Padre… ¡Se nos permite maldecir alguna higuera inocente si somos capaces de volver a ella y reconocer con humildad, que solo Dios da la vida y nos concederá todo lo que le pidamos!

Hna Rosa Ruiz
 misionera Claretiana

29 abril 2012

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


XLIX JORNADA MUNDIAL
DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

29 DE ABRIL DE 2012 – IV DOMINGO DE PASCUA
Tema: Las vocaciones don de la caridad de Dios

Queridos hermanos y hermanas

La XLIX Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 29 de abril de 2012, cuarto domingo de Pascua, nos invita a reflexionar sobre el tema: Las vocaciones don de la caridad de Dios.

La fuente de todo don perfecto es Dios Amor -Deus caritas est-: «quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16). La Sagrada Escritura narra la historia de este vínculo originario entre Dios y la humanidad, que precede a la misma creación. San Pablo, escribiendo a los cristianos de la ciudad de Éfeso, eleva un himno de gratitud y alabanza al Padre, el cual con infinita benevolencia dispone a lo largo de los siglos la realización de su plan universal de salvación, que es un designio de amor. En el Hijo Jesús –afirma el Apóstol– «nos eligió antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor» (Ef 1,4). Somos amados por Dios incluso “antes” de venir a la existencia. Movido exclusivamente por su amor incondicional, él nos “creó de la nada” (cf. 2M 7,28) para llevarnos a la plena comunión con Él.

Lleno de gran estupor ante la obra de la providencia de Dios, el Salmista exclama: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que te cuides de él?» (Sal 8,4-5). La verdad profunda de nuestra existencia está, pues, encerrada en ese sorprendente misterio: toda criatura, en particular toda persona humana, es fruto de un pensamiento y de un acto de amor de Dios, amor inmenso, fiel, eterno (cf. Jr 31,3). El descubrimiento de esta realidad es lo que cambia verdaderamente nuestra vida en lo más hondo. En una célebre página de las Confesiones, san Agustín expresa con gran intensidad su descubrimiento de Dios, suma belleza y amor, un Dios que había estado siempre cerca de él, y al que al final le abrió la mente y el corazón para ser transformado: «¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, más yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti» (X, 27,38). Con estas imágenes, el Santo de Hipona intentaba describir el misterio inefable del encuentro con Dios, con su amor que transforma toda la existencia.

Se trata de un amor sin reservas que nos precede, nos sostiene y nos llama durante el camino de la vida y tiene su raíz en la absoluta gratuidad de Dios. Refiriéndose en concreto al ministerio sacerdotal, mi predecesor, el beato Juan Pablo II, afirmaba que «todo gesto ministerial, a la vez que lleva a amar y servir a la Iglesia, ayuda a madurar cada vez más en el amor y en el servicio a Jesucristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia; en un amor que se configura siempre como respuesta al amor precedente, libre y gratuito, de Dios en Cristo» (Exhort. ap. Pastores dabo vobis, 25). En efecto, toda vocación específica nace de la iniciativa de Dios; es don de la caridad de Dios. Él es quien da el “primer paso” y no como consecuencia de una bondad particular que encuentra en nosotros, sino en virtud de la presencia de su mismo amor «derramado en nuestros corazones por el Espíritu» (Rm 5,5).

En todo momento, en el origen de la llamada divina está la iniciativa del amor infinito de Dios, que se manifiesta plenamente en Jesucristo. Como escribí en mi primera encíclica Deus caritas est, «de hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, Él sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente. El Señor tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro encuentro a través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía» (n. 17).

El amor de Dios permanece para siempre, es fiel a sí mismo, a la «palabra dada por mil generaciones» (Sal 105,8). Es preciso por tanto volver a anunciar, especialmente a las nuevas generaciones, la belleza cautivadora de ese amor divino, que precede y acompaña: es el resorte secreto, es la motivación que nunca falla, ni siquiera en las circunstancias más difíciles.

Queridos hermanos y hermanas, tenemos que abrir nuestra vida a este amor; cada día Jesucristo nos llama a la perfección del amor del Padre (cf. Mt 5,48). La grandeza de la vida cristiana consiste en efecto en amar “como” lo hace Dios; se trata de un amor que se manifiesta en el don total de sí mismo fiel y fecundo. San Juan de la Cruz, respondiendo a la priora del monasterio de Segovia, apenada por la dramática situación de suspensión en la que se encontraba el santo en aquellos años, la invita a actuar de acuerdo con Dios: «No piense otra cosa sino que todo lo ordena Dios. Y donde no hay amor, ponga amor, y sacará amor» (Epistolario, 26).

En este terreno oblativo, en la apertura al amor de Dios y como fruto de este amor, nacen y crecen todas las vocaciones. Y bebiendo de este manantial mediante la oración, con el trato frecuente con la Palabra y los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, será posible vivir el amor al prójimo en el que se aprende a descubrir el rostro de Cristo Señor (cf. Mt 25,31-46). Para expresar el vínculo indisoluble que media entre estos “dos amores” –el amor a Dios y el amor al prójimo– que brotan de la misma fuente divina y a ella se orientan, el Papa san Gregorio Magno se sirve del ejemplo de la planta pequeña: «En el terreno de nuestro corazón, [Dios] ha plantado primero la raíz del amor a él y luego se ha desarrollado, como copa, el amor fraterno» (Moralium Libri, sive expositio in Librum B. Job, Lib. VII, cap. 24, 28; PL 75, 780D).

Estas dos expresiones del único amor divino han de ser vividas con especial intensidad y pureza de corazón por quienes se han decidido a emprender un camino de discernimiento vocacional en el ministerio sacerdotal y la vida consagrada; constituyen su elemento determinante. En efecto, el amor a Dios, del que los presbíteros y los religiosos se convierten en imágenes visibles –aunque siempre imperfectas– es la motivación de la respuesta a la llamada de especial consagración al Señor a través de la ordenación presbiteral o la profesión de los consejos evangélicos. La fuerza de la respuesta de san Pedro al divino Maestro: «Tú sabes que te quiero» (Jn 21,15), es el secreto de una existencia entregada y vivida en plenitud y, por esto, llena de profunda alegría.

La otra expresión concreta del amor, el amor al prójimo, sobre todo hacia los más necesitados y los que sufren, es el impulso decisivo que hace del sacerdote y de la persona consagrada alguien que suscita comunión entre la gente y un sembrador de esperanza. La relación de los consagrados, especialmente del sacerdote, con la comunidad cristiana es vital y llega a ser parte fundamental de su horizonte afectivo. A este respecto, al Santo Cura de Ars le gustaba repetir: «El sacerdote no es sacerdote para sí mismo; lo es para vosotros»(Le curé d’Ars. Sa pensée – Son cœur, Foi Vivante, 1966, p. 100).

Queridos Hermanos en el episcopado, queridos presbíteros, diáconos, consagrados y consagradas, catequistas, agentes de pastoral y todos los que os dedicáis a la educación de las nuevas generaciones, os exhorto con viva solicitud a prestar atención a todos los que en las comunidades parroquiales, las asociaciones y los movimientos advierten la manifestación de los signos de una llamada al sacerdocio o a una especial consagración. Es importante que se creen en la Iglesia las condiciones favorables para que puedan aflorar tantos “sí”, en respuesta generosa a la llamada del amor de Dios.

Será tarea de la pastoral vocacional ofrecer puntos de orientación para un camino fructífero. Un elemento central debe ser el amor a la Palabra de Dios, a través de una creciente familiaridad con la Sagrada Escritura y una oración personal y comunitaria atenta y constante, para ser capaces de sentir la llamada divina en medio de tantas voces que llenan la vida diaria. Pero, sobre todo, que la Eucaristía sea el “centro vital” de todo camino vocacional: es aquí donde el amor de Dios nos toca en el sacrificio de Cristo, expresión perfecta del amor, y es aquí donde aprendemos una y otra vez a vivir la «gran medida» del amor de Dios. Palabra, oración y Eucaristía son el tesoro precioso para comprender la belleza de una vida totalmente gastada por el Reino.

Deseo que las Iglesias locales, en todos sus estamentos, sean un “lugar” de discernimiento atento y de profunda verificación vocacional, ofreciendo a los jóvenes un sabio y vigoroso acompañamiento espiritual. De esta manera, la comunidad cristiana se convierte ella misma en manifestación de la caridad de Dios que custodia en sí toda llamada. Esa dinámica, que responde a las instancias del mandamiento nuevo de Jesús, se puede llevar a cabo de manera elocuente y singular en las familias cristianas, cuyo amor es expresión del amor de Cristo que se entregó a sí mismo por su Iglesia (cf.Ef 5,32). En las familias, «comunidad de vida y de amor» (Gaudium et spes, 48), las nuevas generaciones pueden tener una admirable experiencia de este amor oblativo. Ellas, efectivamente, no sólo son el lugar privilegiado de la formación humana y cristiana, sino que pueden convertirse en «el primer y mejor seminario de la vocación a la vida de consagración al Reino de Dios» (Exhort. ap. Familiaris consortio,53), haciendo descubrir, precisamente en el seno del hogar, la belleza e importancia del sacerdocio y de la vida consagrada. Los pastores y todos los fieles laicos han de colaborar siempre para que en la Iglesia se multipliquen esas «casas y escuelas de comunión» siguiendo el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret, reflejo armonioso en la tierra de la vida de la Santísima Trinidad.

Con estos deseos, imparto de corazón la Bendición Apostólica a vosotros, Venerables Hermanos en el episcopado, a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos, a las religiosas y a todos los fieles laicos, en particular a los jóvenes que con corazón dócil se ponen a la escucha de la voz de Dios, dispuestos a acogerla con adhesión generosa y fiel.


BENEDICTO XVI

19 abril 2012

LA IGLESIA, COMUNIDAD DE ESPERANZA


LA IGLESIA...
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            La Iglesia es la comunidad de “todos los que anhelan su venida” (2Tim 4,8). Aunque al comienzo de su apostolado Pablo esperó y quizás anheló una venida inmi nente de Cristo, de hecho nunca se dejó llevar por aquellos espejismos que sedujeron a los cristianos de Tesalónica y de otros lugares.

            Nadie sabe nada sobre la vuelta del hijo del hombre. Vendrá como un ladrón. Hemos de estar siempre dispuestos y vigilantes.

            La vida de la Iglesia es una larga vigilia, una preparación activa y paciente del regreso de su esposo. La iglesia no tiene que desertar del mundo para prepararse mejor a esta visita; al contrario, tiene que sumergirse en las tinieblas del mundo para hacer que brille allí el resplandor de su esperanza. La Iglesia es la comunidad de la esperan za, no solamente porque vive en tensión amorosa y anhelante la venida de su Señor, sino también porque compro- mete a todos los hombres a transformar sus más humildes esperanzas humanas en la gran esperanza teologal.

            Con esta finalidad, Pablo da unos consejos muy enérgicos a los tesalonicenses:

·         Han de velar sobre ellos mismos para no caer en el desaliento.

·         En lugar de abandonar el mundo, han de insertarse en él con una vida de trabajo que sea ejemplo para todos.

·         Que la Iglesia sea testigo de la esperanza que anida en ella y que la guía por medio de una caridad fraterna ejemplar y de una pureza de toda la persona (1Tes 5,4-8).
 
ARCIPRESTAZGO MANCHA-NORTE
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ESCUELA DE CATEQUISTAS


18 abril 2012

EL CATEQUISTA NUEVO


Extracto de un articulo actual y de interés para los catequistas...

Parece pertinente hablar hoy de la formación de los catequistas y de los agentes de pastoral o educadores de la fe. La pertinencia se inscribe en la misma lógica con la que reflexionamos actualmente sobre la pastoral o la catequesis. Lo ilógico sería que emprendiéramos una reflexión pastoral que no incluyera a los agentes de la pastoral y de la catequesis.

Podemos tener hoy la sensación de estar  construyendo una reflexión teórica sobre la pastoral y la catequesis y descubrir que, en la práctica, todo sigue igual, porque los que están bregando en la arena de las comunidades cristianas, por lo general, siguen haciendo lo mismo, siguen siendo los mismos y no se nota una especial preocupación por su formación. Es cierto que la reflexión teórica parte de la experiencia de la práctica, pero no siempre quienes reflexionan son los que están en la práctica. Más aún, los agentes de base con frecuencia aportan datos para una reflexión que ellos no hacen. Esto nos puede llevar a una perplejidad: ¿Cómo es posible que quienes están trabajando a pie de obra no se den cuenta de muchas cosas que están en la mesa de la reflexión?

Desde el campo específico de la catequesis, hoy disponemos de unas grandes líneas de formación de los catequistas bien definidas por los documentos catequéticos tanto de la Iglesia universal como de las Iglesias particulares; pero no se puede decir que estas hayan calado en el tejido de las comunidades eclesiales. Las escuelas de formación de catequistas han disminuido.

Cuando aquí hablamos del catequista nuevo, estamos apuntando a dos realidades íntimamente entrelazadas: la persona que tiene la misión de educar en la fe a otros en el corazón de la comunidad cristiana, y, también, la misma realidad de la formación que se le propone: qué formación y qué modo de formar.

La necesidad de abrir una reflexión sobre la formación de los educadores de la fe  aparece en el terreno mismo de la acción, cuando nos vemos obligados a decir: “para hacer esto (transmisión de la fe, anuncio del Evangelio, hablar de Dios al hombre de hoy) hay que estar bien formados”. Por lo que se refiere a los catequistas, tenemos afirmaciones tajantes en el Magisterio de la Iglesia: 
“La pastoral catequética diocesana debe dar absoluta prioridad a la formación de los catequistas laicos” (DGC, 234). Sería señal de poca finura intelectual y pastoral no ver la necesidad de formación, y, además, sería una falta de sensibilidad hacia las personas y hacia el mismo Evangelio. 
1. Razones para una reflexión sobre la formación de los agentes de pastoral y de los catequistas

En un primer momento es bueno que tracemos una panorámica que nos permita discernir la pertinencia de la reflexión sobre la formación del catequista, o, dicho de otra manera, los focos de la realidad que nos piden una profundización sobre la formación del educador de la fe, del catequista nuevo en la Iglesia.
  
1.1. La reflexión actual sobre la catequesis

¿Qué vemos, qué está pasando en el mundo de la catequesis? Es un mundo “tensionado”. No es que no dispongamos  en la actualidad de “buenas reflexiones y principios catequéticos” (bastaría tomar el Directorio General para la catequesis en la mano), es que no acertamos, a pesar de los intentos, a poner en práctica la reflexión catequética y pastoral que hacemos. 

La reflexión nos conduce a varias posibilidades de acción y, a las puertas de la acción, nos detenemos y todo se paraliza. Posiblemente intuimos que cambiar la praxis en pastoral y catequesis no es una cosa mecánica, sino algo que “compromete” a la persona, a la comunidad y a la acción en sí. Hay novedades pastorales que son solo posibles si detrás de ellas hay personas convertidas, es decir, personas que se creen lo que hacen y por qué lo hacen.

¿Qué está pasando en el mundo de los catequistas? Hay catequistas buscadores, inconformistas, que no se contentan con la realidad presente y reflexionan y abren caminos… Y hay catequistas cansados, sin ganas de formación y mirando más a repetir esquemas basados en lo mesurable cognitivamente que en otras opciones de iniciación cristiana.

 Esto nos lleva a preguntas importantes. ¿Cómo es posible que con lo que está pasando en el mundo, en la catequesis, en la educación… no haya más inquietud formativa en el colectivo dedicado a la educación en la fe? ¿Cómo es posible una novedad pastoral y catequética sin unos catequistas nuevos?...

Alvaro Ginel Vielva

Director de la Revista CATEQUISTAS