14 noviembre 2012

COMENTARIO DEL EVANGELIO DEL DIA


Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”



El evangelio de Lucas es como una pequeña pinacoteca. La plasticidad de sus relatos convierte al lector en un espectador cautivado por su belleza literaria al mismo tiempo que impresionado por la hondura de su mensaje. El relato de este domingo es uno de ellos. Ante la posibilidad de que el espectador pudiera pasar ante el cuadro un tanto distraído y desapercibido, la acción narrativa desencadena una serie de preguntas retóricas que, en boca del protagonista, le ayudan a descodificar e interiorizar el desenlace final de la escena: “Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.
Hablar del evangelio es hablar de la salvación. Un evangelio que no transforma no es evangelio. Su llamada a la conversión, escenificada de mil formas, es una invitación permanente a responsabilizarnos ante el cuadro que contemplan nuestros ojos cada día que amanece. ¿Despertamos con la aurora? ¿Con qué actitud iniciamos y solemos transcurrir la jornada? ¿Con quién o quiénes nos identificamos de los diez leprosos que salieron al encuentro de Jesús? ¿Experimentamos realmente la salvación?
                                                                                                   Fray Juan Huarte Osácar 

28 octubre 2012

COMENTARIO DEL EVANGELIO DE HOY


Lectura del santo evangelio según san Marcos (10,46-52):

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»
Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.»
Jesús se detuvo y dijo: «Llamadlo.»
Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama.» Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le dijo: «¿Qué quieres que haga por ti?»
El ciego le contestó: «Maestro, que pueda ver.»
Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.» Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

                                                                                                             Palabra del Señor


CON OJOS NUEVOS

La curación del ciego Bartimeo está narrada por Marcos para urgir a las comunidades cristianas a salir de su ceguera y mediocridad. Solo así seguirán a Jesús por el camino del Evangelio. El relato es de una sorprendente actualidad para la Iglesia de nuestros días.

Bartimeo es “un mendigo ciego sentado al borde del camino”. En su vida siempre es de noche. Ha oído hablar de Jesús, pero no conoce su rostro. No puede seguirle. Está junto al camino por el que marcha él, pero está fuera. ¿No es esta nuestra situación? ¿Cristianos ciegos, sentados junto al camino, incapaces de seguir a Jesús?

Entre nosotros es de noche. Desconocemos a Jesús. Nos falta luz para seguir su camino. Ignoramos hacia dónde se encamina la Iglesia. No sabemos siquiera qué futuro queremos para ella. Instalados en una religión que no logra convertirnos en seguidores de Jesús, vivimos junto al Evangelio, pero fuera. ¿Qué podemos hacer?

A pesar de su ceguera, Bartimeo capta que Jesús está pasando cerca de él. No duda un instante. Algo le dice que en Jesús está su salvación: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”. Este grito repetido con fe va a desencadenar su curación.

Hoy se oyen en la Iglesia quejas y lamentos, críticas, protestas y mutuas descalificaciones. No se escucha la oración humilde y confiada del ciego. Se nos ha olvidado que solo Jesús puede salvar a esta Iglesia. No percibimos su presencia cercana. Solo creemos en nosotros.

El ciego no ve, pero sabe escuchar la voz de Jesús que le llega a través de sus enviados: “Ánimo, levántate, que te llama”. Este es el clima que necesitamos crear en la Iglesia. Animarnos mutuamente a reaccionar. No seguir instalados en una religión convencional. Volver a Jesús que nos está llamando. Este es el primer objetivo pastoral.

El ciego reacciona de forma admirable: suelta el manto que le impide levantarse, da un salto en medio de su oscuridad y se acerca a Jesús. De su corazón solo brota una petición: “Maestro, que pueda ver”. Si sus ojos se abren, todo cambiará. El relato concluye diciendo que el ciego recobró la vista y “le seguía por el camino”.

Esta es la curación que necesitamos hoy los cristianos. El salto cualitativo que puede cambiar a la Iglesia. Si cambia nuestro modo de mirar a Jesús, si leemos su Evangelio con ojos nuevos, si captamos la originalidad de su mensaje y nos apasionamos con su proyecto de un mundo más humano, la fuerza de Jesús nos arrastrará. Nuestras comunidades conocerán la alegría de vivir siguiéndole de cerca.
Evangelio Comentado por: José Antonio Pagola
Marcos (10,46-52)

24 octubre 2012

FIESTA DE LA LUZ



Valparaíso, octubre de 2012

Estimad@ herman@:
Llegamos a ti a través de estas líneas esperando que el gozo de nuestra vocación a la santidad se manifieste fuertemente en estos últimos meses del año. Ya se acerca el día de Todos los Santos (1de noviembre) y queremos celebrarlo, desde sus vísperas, con su sentido original. Por este motivo y con la intención de colaborar en la educación de los más jóvenes y de darles al mismo tiempo
una ocasión para celebrar y pasarlo bien, te invitamos a que puedas sumarte a la iniciativa que año a año suma más adherentes.
¿De qué se trata?
“Más que combatir la forma en que hoy se celebra "Halloween" (31 de octubre), que nada tiene que ver con nuestras costumbres y valores, queremos retomar el sentido original de esta fecha y celebrar la Víspera de la Fiesta de Todos los Santos", manteniendo los elementos buenos y positivos (celebración, disfraces, fiesta), pero cambiando los negativos (oscuridad, terror, chantaje). La idea es que podamos en nuestra comunidad organizar una celebración amplia a la cual todos se sumen alegremente (niños, jóvenes y adultos).
¿Cómo hacerlo?
La creatividad de cada comunidad es única y hay que darle el espacio que se merece. Sólo te damos a modo de sugerencia algunos elementos que han ayudado en los años que se ha celebrado.
· El nombre: Fiesta de Todos los Santos; Fiesta de la luz; Fiesta de la Vida; etc.
· Disfraces: que sean positivos, nada de brujas, diablos, monstruos o zombis (No está demás alguna motivación al mejor disfraz o al más creativo).
· La calle: Los participantes pueden salir a las casas vecinas a compartir con sus vecinos en un sano ambiente de amistad. Si piden dulces, pueden dar algo a cambio; o por el contrario no pedir nada y entregar algún recuerdo, oración, etc.
Motivémonos y organicémonos en nuestra comunidad esta iniciativa y también compartámosla en colegios, jardines infantiles, juntas de vecinos, para recuperar el sentido original de la fiesta de todos los santos y que su intercesión constante nos alcance la gracia y la bendición del Señor.  

Comisión Diocesana de Catequesis

12 octubre 2012

ENCUENTRO PENITENCIAL

 En estos  meses del  año muchas comunidades comienzan la celebración de las Primeras Comuniones.  Un momento importante dentro de la catequesis de preparación, es el sacramento de la Reconciliación   para los  niños y niñas que van a recibir a Jesús.
En este escrito del día de hoy  queremos compartirles a ustedes catequistas algunas sugerencias  de la página de Libreas San Pablo.

IDEAS
1.-  Hacer el relato de una situación que se da a menudo en la escuela (e incluso en la parroquia, movimiento ) y que nos permite, después, hacer una comparación con la parábola del Padre Misericordioso.

2.- Cada catequista debe escribir los elementos principales del relato de acuerdo con la realidad del grupo.

Un ejemplo:
La maestra organizó un trabajo en el aula. Todos tenían que investigar y llevar material para estudiar una fecha patria o un tema importante.

Los alumnos se agruparon con sus amigos. Una de las chicas, Lucía, tenía mucho material. Entonces, ese día, a pesar de que sus amigas la llamaron para que estuviera con ellas, decidió irse con un grupo al que ella admiraba porque le parecían que eran más "piolas" (En todos los grupos hay chicos líderes y todos quieren imitarlos.)
Lucía fue bien recibida porque tenía gran cantidad de material pero no porque la aceptaran como compañera. Hicieron el trabajo y llegó la hora del recreo.

¿Qué pasó? Lucía se quedó sola. Su grupo de siempre se había ofendido y el grupo con el que había trabajado había salido corriendo sin esperarla.

Lucía se sentó sola en el patio y se puso a pensar mientras veía cómo los demás jugaban. En el grupo en que ella estaba nunca dejaban a nadie de lado y trataban a todos bien.

Pensó entonces en volver con sus amigas y pedirles perdón.

El final lo pueden inventar los chicos: ¿Cómo habrán reaccionado sus amigas?

Pueden responder a través de un afiche o de una representación, y puedes comparar la respuesta de los chicos con la forma en que Dios perdona.

Luego, proclaman la Palabra de Dios y, en lugar de la explicación o del comentario, ponen en común los trabajos.

A continuación les proponemos reflexionar acerca del siguiente esquema:
El camino de la misericordia o del perdón para hacer un examen de conciencia.

Hay que preparar un afiche con un camino y cuatro huellas en las que se escribe:

... Salir de sí mismo
... Ver
... Compadecerse o Amar
... Actuar

El camino del amor se recorre dando varios pasos: (A medida que se explica y conversa con los chicos se colocan las huellas en el camino)

1.- Salir de sí mismo: Cuando somos capaces de preocuparnos por el otro, cuando no estamos interesados sólo por lo que nos pasa a nosotros, cuando no nos creemos el centro de todo.
¿Somos capaces de pensar en los demás?

2.- Ver: hay veces que queremos ayudar, pero en realidad no vemos lo que necesita el otro sino lo que nosotros tenemos ganas de hacer. Por ejemplo queremos ayudar a mamá cocinando pero ella necesita que la ayudemos ordenando el cuarto o estudiando.

3.- Amor: ¿Por qué hacemos las cosas? ¿Para que no nos reten ? ¿Para que nos feliciten? ¿Reconocemos en el rostro del otro a un hermano? ¿Reconocemos a Jesús?

4.- Actuar: Es el último paso. Hacer algo concreto por el otro: por nuestros padres, amigos, hermanos, compañeros, vecinos?

07 octubre 2012

LA FAMILIA, UN DON DE DIOS




Sin duda en estos tiempos velar por los valores de la familia presenta un gran desafío. Sabemos que la familia es la primera red de apoyo social que poseemos, donde el objetivo común es el bien de ella como comunidad, donde se entrega y encuentra afecto, donde existe contención frente a la dificultad de algún miembro de la familia. En resumen, la familia es donde se adquieren las habilidades básicas para la vida y la relación con los demás, en ella se respeta a todos sus miembros especialmente a los más vulnerables como son los hijos en gestación, los ancianos y aquellos con capacidades diferentes, en ella los padres son referentes para sus hijos, los primeros educadores en la fe y siembran amor, y quien siembra amor cosecha amor, especialmente en las dificultades. La familia es el ideal al cual todos aspiramos, pero por diferentes motivos una cantidad de familias no pueden lograrlo, se sienten desorientados, abandonados, desencantados, ¿Será que olvidaron que la familia es el espacio humano del encuentro con Cristo? "Los cónyuges no solo reciben el amor de Cristo, convirtiéndose en comunidad salvada, sino son también llamadas a transmitir a los hermanos el mismo amor de Cristo, convirtiéndose en comunidad salvadora".
La familia es motivo de esperanza para el mundo, por eso nuestro gran desafío es acompañar y cuidar a las familias, especialmente aquellas que viven momentos de dificultad.



Comisión Nacional de Pastoral Familiar







 

05 octubre 2012

COMENTARIOS DE LAS LECTURAS DEL DIA


VIERNES 05 DE OCTUBRE 

Job 38,1.12-21; 40,3-5¿Has mandado a la mañana o has entrado por los hontanares del mar?Salmo responsorial 138Guíame, Señor, por el camino eterno Lc 10,13-16Quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado


Jesús y los suyos tenían ya experiencia de fracaso en su trabajo evangelizador. Acababan de dejar Galilea, de donde conservaban algunos recuerdos amargos. En su paso por Samaria no les habían querido hospedar. En Jerusalén les esperaban cosas aún peores. Jesús anuncia que, al final, habrá un juicio duro para los que no han sabido acoger al enviado de Dios. Tres ciudades de Galilea, testigos de los milagros y predicaciones de Jesús, recibirán un trato mucho más exigente que otras ciudades paganas: hoy se nombra a Tiro y Sidón, y ayer a Sodoma. Los de casa -el pueblo elegido, los israelitas- son precisamente los más reacios en interpretar los signos de los tiempos mesiánicos. Lo que le pasó a Cristo le pasa a su comunidad eclesial, desde siempre: bastantes llegan a la fe y se alegran de la salvación de Cristo. Pero otros muchos se niegan a ver la luz y aceptarla. No nos extrañe que muchos no nos hagan caso. A él tampoco le hicieron, a pesar de su admirable doctrina y sus muchos milagros. La libertad humana es un misterio. Jesús asegura que el que escucha a sus enviados -a su Iglesia- le escucha a él, y quien les rechaza, le rechaza a él y al Dios que le ha enviado. Ése va a ser el motivo del juicio. No valdrá, por tanto, la excusa que tantas veces oímos: "yo creo en Cristo, pero en la Iglesia, no". Sería bueno que la Iglesia fuera siempre santa, perfecta, y no débil y pecadora como es (como somos). Pero ha sido así como Jesús ha querido ser ayudado, no por ángeles, sino por hombres imperfectos. Jesús nos enseña a reaccionar con cierta serenidad ante el rechazo del mundo. Que no pidamos que baje un rayo del cielo y destruya a los no creyentes. Ni que mostremos excesivo celo en eliminar la cizaña del campo. Nos pide tolerancia y paciencia. Aunque hoy también nos asegura que el juicio, a su tiempo, dará la razón y la quitará.

Después del silencio de Dios, ahora escuchamos su respuesta a Job y a sus amigos. Habla desde la tormenta, subrayando la grandeza de su poder. No es, en rigor, una respuesta racional al interrogante. A lo más que llega la reflexión sapiencial del libro de Job es a constatar que Dios lo sabe todo, que son impenetrables sus designios y que nos deberíamos fiar de él, que conoce los secretos del cosmos y de la vida y de la muerte. Por eso Job adopta una actitud de humilde aceptación: "me siento pequeño, ¿qué replicaré?". Se queda sin habla y decide callar. El silencio como respuesta sabia, sin pretender dar respuesta a lo que se sabe que no la tiene. Nosotros, además de apoyarnos en el inmenso poder y sabiduría de Dios, hemos aprendido de Jesús a recordar más el amor que Dios nos tiene. Y aunque tampoco sepamos explicar el misterio, por ejemplo, de la muerte prematura e injusta, tenemos mayores motivos para confiar en los designios de Dios. Él no es el que quiere el mal, ni lo permite -el mal no es de él- sino que saca bien para nosotros incluso del mal. Tampoco parecía tener sentido la muerte del Inocente por excelencia, Jesús, pero resultó ser la salvación para todos. Dios ha asumido el dolor y le ha dado un valor de redención y de amor. ¡Qué serenidad nos infunde el salmo 138, invitándonos a poner toda nuestra confianza en el Dios que nos conoce y nos ama!: "Señor, tú me sondeas y me conoces... tú has creado mis entrañas...te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras"

28 septiembre 2012

COMENTARIO A LAS LECTURAS DEL DIA

  Hay tiempo para todo. Y es de sabios saber hacer cada cosa a su tiempo. Ya conté hace unos días la historia de san Francisco de Asís que, cuando envió a sus frailes a evangelizar a los musulmanes les dijo: “Evangelizad siempre. Hablad sólo cuando sea necesario.”

No hay que dudar que Jesús es el modelo del evangelizador. Los creyentes tenemos que mirar a él para saber cómo comportarnos. Pues bien, dedicó muy poco tiempo en su relación con los discípulos a meditaciones del tipo de la del evangelio de hoy. Jesús no se centra en conseguir que sus discípulos confiesen expresamente su fe. Tampoco suele pedir muchas precisiones teológicas a las personas con las que se encuentra. Él multiplica los panes, cura a los enfermos, libera a los endemoniados, ataca sin piedad a los fariseos y escribas que cargan a los demás con pesos insufribles, pero no exige a sus seguidores que se aprendan un catecismo entero, con sus preguntas y respuestas. Lo único que hace es estar con ellos, dejar que le acompañen, que vayan viendo y que vayan descubriendo su mensaje.

Hay veces que ni siquiera los apóstoles entienden a Jesús. El ejemplo de Pedro es palmario. En un momento determinado le tiene que decir con fuerza que se parte de él porque no ha entendido nada. Si tan cortos de entendederas eran los apóstoles, cuánto más los otros que se encontraban accidentalmente con él. Y sin embargo, a nadie echa de su compañía. A todos los acoge, les regala buenas palabras y les llena de esperanza.

Hoy podemos intentar responder a la pregunta que Jesús hace a sus discípulos. Quizá no nos salga una respuesta tan clara y contundente como la de Pedro. Quizá en el fondo no entendamos bien a este galileo ni su forma de comportarse. Quizá a veces nos parezca poco prudente o demasiado radical. Pero lo que tenemos que seguir escuchando es su invitación a seguirle, a estar con él, a escucharle. Aunque no respondamos perfectamente, aunque nuestra vida tampoco sea la traducción práctica de la respuesta perfecta, Jesús no nos expulsa de su lado. Tiene mucha paciencia. La que tuvo con todos los que se encontró. La que tuvo con los apóstoles. Nos da tiempo. Porque sabe que el amor de Dios terminará haciendo su trabajo y haciéndonos descubrir que el amor es lo único que vale verdaderamente la pena en nuestra vida.                                         

Fernando Torres Pérez cmf

Ciudad redonda

26 septiembre 2012

OCTUBRE INICIO DEL AÑO DE LA FE


Objetivos del Año de la fe
¿Qué sentido da el Papa a este Año de la fe? ¿Qué objetivos pretende con él? Pienso que la respuesta la hallaremos en los dos documentos con los que fueron convocados los dos años de la fe después del Concilio Vaticano II: el de Pablo VI (1967) y ahora el de Benedicto XVI:

1) "Para confirmar nuestra fe rectamente expresada" (Pablo VI), "redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada" (Benedicto XVI).

2) "Para promover el estudio de las enseñanzas del Concilio Vaticano II" (Pablo VI), "con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza" (Benedicto XVI).
3) "Para sostener los esfuerzos de los católicos que buscan profundizar las verdades de la fe" (Pablo VI); "intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo" (Benedicto XVI).

A estos fines comunes a los dos Papas, Benedicto XVI añade, fijándose en las circunstancias actuales, algunos más:

1) "Invitar a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador
del mundo".

2) "Comprometerse a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe".

3) "Suscitar en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza".

4) "Comprender de manera más profunda no sólo los contenidos de la fe sino, juntamente también con eso, el acto con el que decidimos de entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios".

Este último objetivo es el que más recalca el Papa Ratzinger. Le interesa subrayar la inseparabilidad del acto con el que se cree y de los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento:

El acto de fe sin contenidos nos conduce a la total subjetivación de la fe.

Los contenidos, sin el asentimiento de la fe, instruyen nuestra mente, pero no nos unen a Dios ni son capaces de transformar nuestra vida, de convertirla al Dios vivo. Sólo si la profesión de fe desemboca en confesión del corazón podemos hablar de una fe madura, bien formada, capaz de producir frutos en los demás.

Libro privilegiado del Año de la fe

El año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados en el Catecismo de la Iglesia Católica (Porta fidei, no. 11).

Si de lo que se trata es de reavivar e infundir una nueva linfa a la fe de los creyentes en Cristo, el Catecismo es el camino seguro para conseguirlo. En él se resume y expresa la fe de toda la Iglesia desde sus orígenes hasta nuestros días. En él hallamos:
la fe que profesamos (credo)
la fe que celebramos (liturgia)
la fe que vivimos (moral)
la fe que rezamos (oración)



En nuestro tiempo, en el que los contenidos objetivos de la fe cristiana son muchas veces devaluados, sometidos a crítica destructiva, preteridos, ha llegado el momento de apuntar el zoom sobre la fe en toda su riqueza de doctrina, fruto de veinte siglos de reflexión y de vida. 

23 septiembre 2012

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DIA

LECTURAS DEL DIA 23 DE SEPTIEMBRE 2012 . Domingo 25º del Tiempo Ordinario - Ciclo B
Todo lo que tenemos, todo lo que somos es regalo gratuito de Dios. Dependemos totalmente de él. Demos gracias al Padre ofreciéndole este día.

Primera Lectura (Sab 2,12.17-20): El Justo es rechazado
La fe del justo es una silenciosa acusación contra los de poca o de ninguna fe. Por eso los justos son ridiculizados y perseguidos.
Salmo (Sal 53,3-4.5.6 y 8)
R/.
El Señor sostiene mi vida
Segunda Lectura (Sant 3,16-4,3): El verdadero Cristiano es Pacificador.
¡Cuánta más paz habría en el mundo si los cristianos no cediéramos al mal en nuestros corazones!
Evangelio (Mc 9,30-37): El Niño como Modelo
¿Quién es el mayor? ¡En el Reino de Dios, los pequeños!

COMENTARIO:
Jesús continúa con sus discípulos la enseñanza sobre la cruz que había iniciado en Cesárea de Filipo. La incomprensión y oposición que esta enseñanza provoca hace que Jesús la limite exclusivamente a los más cercanos y que evite el encuentro con las masas. En verdad el mensaje de la cruz sólo puede ser comprendido en el trato personal con el Maestro y, aún así, entenderlo y, sobre todo, aceptarlo no es cosa fácil. Y más si nos damos cuenta de que la cruz no es sólo la aceptación resignada de males que no podemos evitar, sino también un destino elegido. Esta es la clave que nos ofrece la primera lectura. Como un eco de los poemas del siervo de Yahvé del segundo Isaías (cf. Is 42, 1-7; 49, 1-7; 50, 4-9; 52, 13-15. 53, 10) este texto nos habla de la persecución del justo, que, en un dramático crescendo, llega hasta la condena a una muerte ignominiosa. Existen, de hecho, formas pasivas de presencia de la cruz que no podemos ni debemos buscar, como la enfermedad o la pobreza. Son males indeseables que, cuando resultan inevitables, hemos de tratar de sobrellevar, descubriendo en ellos un sentido que nos une a la cruz de Jesucristo. Pero, en la medida en que podamos evitarlos, debemos hacerlo. Jesús mismo alivia el hambre y la enfermedad de los que sufren, enseñándonos con ello que también nosotros debemos ayudar a los que padecen a superar sus males.
En cambio, el texto de la Sabiduría nos habla de una forma de sufrimiento que procede de la propia coherencia de vida, del compromiso con la verdad y la justicia, de la fidelidad a la propia conciencia y a Dios. No es raro que esta fidelidad y coherencia se atraigan la enemistad de algunos, del ambiente dominante que nos rodea, que no puede soportar un comportamiento que, por sí mismo, y aun sin pretenderlo, es una denuncia que pone al descubierto la inmoralidad entorno. La consecuencia de esta coherencia suele ser el rechazo y la persecución, en ocasiones incruenta (ridiculizar, difamar, hacer el vacío…), pero que a veces llega hasta el derramamiento de sangre. Se trata así de acallar la voz incómoda del profeta, presionándola para que se amolde a formas de mal socialmente aceptadas. Y, ante esta presión, el perseguido tiene que hacer una elección. Puede ceder y evitar la persecución adaptándose, y renunciando así a su propia conciencia, a sus convicciones morales o religiosas. Pero, a diferencia de las otras cruces, que en lo posible deben ser evitadas, aquí la única opción válida es la de aceptar la persecución para mantenerse fiel a uno mismo, al bien, la verdad, la justicia y la fe. Es decir, esta forma de cruz, si se presenta, ha de ser expresamente elegida, y siempre debemos estar en la disposición de cargar con ella. Así hay que entender este caminar lúcido y libre de Jesús hacia Jerusalén, donde sabe que le espera un proceso injusto y una muerte ignominiosa.
Este es el sentido de las palabras con las que Jesús cerraba el evangelio de la semana pasada: “el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará”. Estas palabras nos ayudan a comprender que elegir esta forma de cruz no tiene nada que ver con una especie de masoquismo espiritual, ni de heroísmo trágico. El anuncio de la pasión va acompañado de la profecía de la resurrección. El mensaje de la cruz es un mensaje pascual, que sin ocultar el rostro terrible y amenazante de la muerte, y una muerte de cruz (es decir, atroz e injusta), habla también del triunfo final del bien, de la justicia y de la Vida.
La instrucción a los discípulos, que de momento son incapaces de entender, significa que quien sigue a Jesús ha de aceptar no sólo el hecho de su trágico final, sino la disposición a vivir del mismo modo que él, con la misma coherencia y con las consecuencias negativas que pueden sobrevenir, como el único camino de salvación verdadera. Es una instrucción importante porque, como se ve en el texto de hoy, mientras Jesús les habla de su próxima pasión, ellos están preocupados por el éxito en este mundo, por alcanzar posiciones de prestigio y poder, que incluso se disputan entre ellos. Se puede decir que, al menos de momento, están en ondas completamente distintas. Pero Jesús no desespera por ello. Al contrario, toma pie en esa discusión de los apóstoles para introducirlos en la sabiduría de la cruz por la vía pedagógica del espíritu de servicio.
Frente a la lógica del poder, que busca el reconocimiento, la fama, la riqueza, el ser servido, Jesús propone otra forma de primacía: por un lado, hacerse servidor. No se trata de adoptar un espíritu servil, sino de hacer una libre elección. El servicio realizado libremente es parte de la esencia del amor. Pero, para ello, hay que dejar a un lado las actitudes arrogantes y autosuficientes. Y aquí entra en juego la enseñanza sobre los niños. Estos eran en la cultura del momento el prototipo de la insignificancia social. Jesús toma un niño y lo abraza, y lo señala como “el primero” y el más importante. Es claro que para los apóstoles el más importante era Jesús, al que confesaban como Mesías e Hijo de Dios. Pues bien, Jesús les dice que para acogerle a él, el más importante, tienen que acoger a los que, según los parámetros sociales, carecen de importancia, como ese niño, del que hace sacramento de su persona; y acogiéndole a él en los más pequeños acogen al mismo Dios. El verdadero camino de seguimiento de Jesús, que conduce a la salvación y a la vida, es el camino de la pequeñez (como la “infancia espiritual” de santa Teresa de Lisieux), del servicio y de la cruz.
La carta de Santiago nos da un cumplido ejemplo de esta sabiduría de la cruz. Cuando uno elige “ser importante”, “el más importante”, surge inmediatamente el conflicto, la envidia, la rivalidad, el desorden y toda clase de males. Esto es lo que sucede cuando uno pretende ante todo dar satisfacción a sus pasiones, poniendo a su servicio a los demás y las cosas más sagradas. Como atestigua Santiago, esto puede pasar incluso en el seno de la comunidad cristiana. Lo que indica hasta qué punto muchos creyentes siguen y seguimos sin entender ni aceptar el camino de la cruz y del servicio que nos propone Jesús. Y si esto es así, ¿qué testimonio pueden (podemos) dar? ¿Cómo anunciar el evangelio de Jesucristo, del amor y de la paz, si vivimos en contradicción con la enseñanza de nuestro Maestro? Cuando tal sucede, ¿no estamos volviendo sosa la sal y escondiendo la luz bajo el celemín? (cf. Mt 5, 13-16). Una fe vivida de modo tan incoherente hace estéril nuestra vida y vacía nuestra oración. Pero, no lo olvidemos, los discípulos tampoco entendieron enseguida las enseñanzas de Jesús. Igual que ellos, también nosotros estamos en camino, y tenemos la posibilidad de volvernos a la escucha de la Palabra, que es el mismo Cristo, y que nos comunica la sabiduría que viene de arriba, con sus actitudes de paz, comprensión, tolerancia y misericordia, y que da frutos de justicia y buenas obras, de servicio constante y sincero. Esta es la consecuencia de la escucha, acogida y comprensión de la Palabra del Señor, de la sabiduría de la cruz: convertirnos en mensajeros y agentes de paz, primero en la propia comunidad cristiana y, después, en el mundo entero.
                                                                                         (Ciudad redonda)

31 agosto 2012

PERFECCIONAMIENTO Y FORMACION PERMANENTE

Taller de catequesis en Hijuelas

Decanato Nuestra Señora del Carmen del Aconcagua

Durante el mes de agosto, la Comisión diocesana de Catequesis ofreció en el decanato Nuestra Señora del Carmen del Aconcagua, un taller de formación para catequistas.
Durante tres jueves (2, 9 y 16), cerca de 50 catequistas del decanato se reunieron con la Comisión para reflexionar y profundizar en la importancia de su Ser (más que Quehacer) de Catequista. Junto a esto, los caminos de renovación, la espiritualidad y la planificación estuvieron presentes en el taller como temas fundamentales.
Agradecemos a los párrocos de este decanato su iniciativa y las diversas gestiones que facilitaron el desarrollo de este taller para sus catequistas. Desde la Comisión Diocesana de Catequesis damos también gracias a Dios por acercarnos a nuestra gente de La Calera, Hijuelas, Nogales y El Melón.

21 agosto 2012

GRADUACION DE CATEQUISTAS

13ª GRADUACIÓN DE CATEQUISTAS



El pasado viernes 27 de julio se realizó solemnemente la graduación de la 13ª promoción del Plan de Formación permanente que por mucho tiempo ha llevado adelante la Comisión Diocesana de Catequesis. 
Luis Aravena Leighton, Ivonne Figueroa Urbina, Andrea Gómez Martínez, Luisa Tapia Delgado acompañados de familiares y amigos participaron de la celebración eucarística y recibieron su diploma dando gracias a Dios por esta oportunidad de formación.

Junto a ellos, la Comisión Diocesana de Catequesis agradeció el interés y participación de los catequistas en estas instancias formativas y los animó a continuar formándose en todas las áreas que involucra la catequesis.
Terminada la eucaristía, la celebración continuó en un fraterno ágape que terminó por completar la alegría y la acción de gracias a Dios por sus bendiciones.


Además de estos graduados, varios catequistas continúan con sus correspondientes niveles de formación. A ellos los animamos a continuar con el mismo espíritu de responsabilidad y disposición para poder coronar sus esfuerzos en la próxima graduación.




20 julio 2012

TALLER DE CATEQUESIS EN CLAVE DE RENOVACION

Taller de recursos Metodológicos
   Hacia la renovación de la  catequesis

El pasado sábado 14 de julio se realizó el Taller de Formación de la Catequesis para todos los catequistas de la Diócesis de Valparaíso. Concurrieron a este encuentro cerca de 90 personas.
El Padre Jaime Godoy, Director Diocesano de la Comisión de Catequesis dio la bienvenida a todos los asistentes, y luego Ana María Ponce, Secretaria Ejecutiva de esta pastoral, comenzó el encuentro con la oración y presentación del primer expositor.

El taller constó de dos partes, la primera de ellas en la mañana a cargo del Psicólogo Michel Bahamondes, quien en primer lugar invito a todos los asistentes a participar de una actividad didáctica, donde se tenía que construir un joven hombre o mujer, con los elementos que estuvieran al alcance en ese momento, es decir, un muñeco totalmente ecológico.
Cabe destacar que todos los muñecos fueron de sexo femenino, lo que llamó la atención y quedó en claro que la Iglesia es femenina y también la participación de todos en la construcción de la misma, ya que tenían que ponerle nombre e historia personal, que luego se compartió en el auditorio. Instó a que se debe acoger al Joven en la Iglesia, no cerrarles las puertas, ser comprensivos, ya que la adolescencia no es adolecer de algo, sino que ellos van en busca de algo y eso no se comprende, y los adultos generalmente no los entienden, los dejan de lado y los usan.
El Psicólogo Bahamondes ofreció la palabra y hubo preguntas e inquietudes por parte de los asistentes, las que respondió y aconsejó también a los guías asistentes, quienes como padres tenían dudas respecto a cómo deben enfrentar los cambios de sus hijos adolescentes.
La segunda parte del taller, se desarrolló después del almuerzo, con los expositores Hernán Urzúa y Tamara Patiño, ambos profesores de Religión, quienes enseñaron a los asistentes, las diferentes formas de realizar un encuentro de catequesis, dando las directrices para poder enfrentar a un grupo de niños, jóvenes o papás. Realizaron una dinámica llamada La entrevista, en la que se debía hacer una mini agenda con horarios para luego entrevistar a los que estaban anotados, fue un momento grato, ya que se pudo intercambiar ideas, experiencias y opiniones entre todos los asistente.

La otra actividad fue crear un encuentro, en base al tema entregado por ellos, en un tiempo determinado, lo que hizo que se trabajara en grupo de 7 personas, usando los recursos que se habían dado en la exposición de Tamara. Hernán ofreció la palabra para opinar sobre el tema, y hubo una joven catequista que dio a conocer su inexperiencia, ya que era por primera vez que tomaba un grupo, y que con esta exposición y directrices ya no tenía miedo de enfrentarse a su nuevo desafío.
El taller terminó a las 17.30 horas, y todos los asistentes se fueron muy complacidos con los vivido en ese día, sobre todo para quienes venían por primera vez y no tenían la experiencia de los años, y pudieron llevarse los conocimientos para enfrentar un grupo.


Rosa Vivar, catequista parroquia Nuestra Señora de Fátima.


08 julio 2012

LITURGIA DE LA PALABRA


Domingo 8 de Julio 2012

Lectura de la Profecía de Ezequiel. Ez 2, 2-5
Un espíritu entró en mí y me hizo permanecer de pie, y yo escuché al que me hablaba. Él me dijo: Hijo de hombre, Yo te envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra mí; ellos y sus padres se han sublevado contra mí hasta el día de hoy. Son hombres obstinados y de corazón endurecido aquellos a los que yo te envío, para que les digas: “Así habla el Señor”. Y sea que escuchen o se nieguen a hacerlo -porque son un pueblo rebelde- sabrán que hay un profeta en medio de ellos.
Palabra de Dios.

SALMO Sal 122, 1-4
R. Nuestros ojos miran al Señor, hasta que se apiade de nosotros.
Levanto mis ojos hacia ti, que habitas en el cielo. R.
Como los ojos de los servidores están fijos en las manos de su señor
y los ojos de la servidora en las manos de su dueña:
así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios,
hasta que se apiade de nosotros. R.
¡Ten piedad, Señor, ten piedad de nosotros,
porque estamos hartos de desprecios!
Nuestra alma está saturada de la burla de los arrogantes,
del desprecio de los orgullosos. R.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Cristianos de Corinto. 2Cor 12, 7-10
Hermanos: Para que la grandeza de las revelaciones no me envanezca, tengo una espina clavada en mi carne, un ángel de Satanás que me hiere. Tres veces pedí al Señor que me librara, pero él me respondió: “Te basta mi gracia, porque mi poder triunfa en la debilidad”. Más bien, me gloriaré de todo corazón en mi debilidad, para que resida en mí el poder de Cristo. Por eso, me complazco en mis debilidades, en los oprobios, en las privaciones, en las persecuciones y en las angustias soportadas por amor de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.
Palabra de Dios.

EVANGELIO
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos. Mc 6, 1-6a
Jesús se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: “¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?”. Y Jesús era para ellos un motivo de escándalo. Por eso les dijo: “Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa”. Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de sanar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe.
Palabra del Señor.

COMENTARIO
Dios muestra, por medio de la misión de Ezequiel, que “hay un profeta en medio del pueblo”, es decir, que la Palabra de Dios resuena en medio de ellos, que Dios no los abandona sino que quiere iluminarlos en medio de las tinieblas.


Nuestra vida siempre llevará las marcas del dolor. Y eso siempre nos recordará nuestra condición humana, nuestra limitación y fragilidad. Reconocer esto nos lleva a vivir con humildad y dejar de lado nuestra prepotencia y soberbia.
Jesús es el hijo de Dios, viene del Padre, pero también tiene una historia humana, una familia, un entorno social. De ese ambiente, saldrá a anunciar el Reino con sus palabras y milagros, pero sin olvidar su origen o a su gente.

01 julio 2012

LECTURAS DEL DOMINGO 1 de Julio 2012


 DOMINGO 13º durante el año

PRIMERA LECTURA
Lectura del Libro de la Sabiduría. Sab 1, 13-15; 2, 23-24
Dios no ha hecho la muerte ni se complace en la perdición de los vivientes. Él ha creado todas las cosas para que subsistan; las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas ningún veneno mortal y la muerte no ejerce su dominio sobre la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza, pero por la envidia del demonio entró la muerte en el mundo, y los que pertenecen a él tienen que padecerla.
Palabra de Dios.

SALMO Sal 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b
R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría. R.
Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor.
Tú convertiste mi lamento en júbilo.
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.

SEGUNDA LECTURA
Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Cristianos de Corinto. 2Cor 8, 7. 9. 13-15
Hermanos: Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud por los demás, y en el amor que nosotros les hemos comunicado, espero que también se distingan en generosidad. Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza. No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. En el caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes. Así habrá igualdad, de acuerdo con lo que dice la Escritura: “El que había recogido mucho no tuvo de sobra, y el que había recogido poco no sufrió escasez”.
Palabra de Dios.
s.
EVANGELIO
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos. Mc 5, 21-43
Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva”. Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: “Con sólo tocar su manto quedaré sanada”. Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?”. Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?”. Pero El seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad”. Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”. Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”. Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”. Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!”. En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.
Palabra del Señor.

COMENTARIO
El Evangelio presenta un altísimo contraste entre la incapacidad humana ante la enfermedad y la muerte, por un lado, y por otro la fuerza impresionante de la fe. La hemorroísa llevaba doce años enferma, una enfermedad de esterilidad, terrible para una mujer en tiempos de Jesús. Había recurrido a todos los medios humanos, pero todos habían resultado un fracaso. No sólo no mejoró, sino que había empeorado. La mujer, en su trágica situación, está desesperada. La incapacidad humana es manifiesta. La única actitud ante tal incapacidad es la fe. Lo que el hombre, con todos sus medios, no puede hacer, lo puede lograr el poder de la fe. Con esta convicción se acerca a Jesús, le toca con la mano y con la fe, y queda curada. A Jairo le sucede lo mismo. Su hija ha muerto. Ya no hay remedio: la muerte ha vencido. No pertenece a la experiencia humana el poder volver a la vida. Pero la fe es más fuerte que la muerte. Y por eso Jesús dirá a Jairo: “No temas. Basta con que tengas fe”. Y Jairo con la fe dio por segunda vez la vida a su hija. ¡Magníficos ejemplos de la fuerza de la fe!. 

| Fuente: Catholic.net ),

21 junio 2012

DIA DE REFELIXION Y CELEBRACIÓN


Día del Catequista 2012

En el contexto de la Misión Joven el día 19 del pasado mes  Mayo, en el Colegio Juana Ross de Edwards,  fue celebrado el Día Nacional del catequista en nuestra Diocesìs de Valparaíso.
Bajo el lema “Misioneros de una fe joven”, más de 400  catequistas de los diferentes decanatos acogieron la inviatciòn de la Comisión Diocesana de Catequesis para celebrar y  reflexionar en este día de fiesta.
Se hizo un reconocimeinto especial con la entrega de  diplomas y un presente  a todos los catequistas que cumplen 20 y más años de entrega generosoa en esta hermosa labor, también  para  los nuevos catequistas a quienes se les confía la labor de evangelización.
Fue un día muy bonito del que, seguro, todos, salieron más animados e ilusionados a seguir en esta tarea tan bonita de acompañar a los niños, adolescentes, jóvenes y adultos, en su crecimiento como cristiano y de encuentro con Jesús.
La reflexión y la oración se centró en LA PALABRA. gracias CATEQUISTAS, sigan trabajando con alegría e ilusión.

20 junio 2012

TALLERES DE CATEQUESIS RENOVADA

Queridos/as Catequistas:

Les hacemos llegar  un saludo fraterno,  que la  paz y amor de Jesús el Señor les anime y fortalezca en el servicio que realizan.

Es nuestro  objetivo y deseo el  ofrecer instancias de formación y de nuevos aprendizajes para  la tarea de la Catequesis renovada en  nuestra Iglesia.

Se hace  necesario  continuar con la  formación permanente de los catequistas. Ustedes  merecen ser acompañados  para desempeñar con mayores fundamentos y herramientas la tarea eclesial que realizan.



Por lo mismo la Comisión  Diocesana de  Catequesis  quiere desde ya invitarles  a participar en los "TALLERES  DE INVIERNO 2012", que se impartirán el día 14 de julio. Lugar y horario por confirmar.

Con confianza e ilusión esperamos que cada comunidad parroquial, escolar  y movimientos aproveche este espacio privilegiado que va en ayuda de la evangelización: para el proceso de educación de la fe y del encuentro con Jesús en el corazón  de niños, jóvenes y Adultos. 



Contando con  su acogida y participación.

Se despide atentamente En Cristo.

Comisión Diocesana de Catequesis


17 junio 2012

VIDEO EVANGELIO DEL DIA

COMENTARIO DEL DOMINGO Evangelio:Marcos 4,26-34. Undécimo Domingo del tiempo ordinario                                Escuchar perseverantemente la Palabra, aunque a veces no la acabemos de entender; asistir con fidelidad a la reunión eucarística, aunque a veces “no nos diga nada”; mantener vivo el vínculo con Dios en la oración, pese a los momentos de sequedad…, son formas de vivir la fe con confianza, esperanza y responsabilidad que siempre acaban dando fruto. Puede ser que esos frutos se nos antojen casi insignificantes, ante la magnitud de los problemas y los poderes del mundo. Pero esa pequeñez insignificante es precisamente a lo que se parece el Reino de Dios: como el arbusto de la semilla de mostaza; no es un árbol (como el árbol grandioso que se describe en la primera lectura, una imagen, tal vez, de nuestros sueños de grandeza), pero es suficiente para que los pájaros puedan anidar en sus ramas y encontrar así sombra y cobijo. La fe confiada que actúa es una fe que sí sirve, es decir, que está al servicio. Así han de ser nuestras obras: no grandiosas en su apariencia, pero sí capaces de ofrecer humildemente acogida, consuelo, descanso. Estos son ya signos de la presencia entre nosotros del Reino de Dios, son los frutos de la fe confiada y perseverante, los que podemos ir dando en nuestra vida, si nos aplicamos con perseverancia a la acogida de la semilla, a la escucha de la Palabra que es el mismo Jesús. Para ello tenemos que acudir a Él, procurar estar con Él, como aquellos discípulos que le acompañaban por los caminos de Galilea, a veces con entusiasmo, a veces desanimados, para que, igual que a ellos, nos lo explique todo en privado y, de esta forma, nos ayude a entender y nos dé ánimo para seguir caminando.

16 junio 2012

CELEBRAMOS LA MEMORIA DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA. UN CORAZÓN, LLENO DE DIOS.


Sábado después del Domingo II después de Pentecostés:
 El Corazón Inmaculado de María      

Texto del Evangelio (Lc 2,41-51): 

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca. 
Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando». Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?». Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

El Evangelio de hoy nos hala de que...

«su madre guardaba todas estas cosas en su corazón» (Lc 2,51).

«Dios se deja contemplar por los que tienen el corazón purificado».

¿Qué guarda María en su corazón?

Si ayer celebrábamos la fiesta del Corazón de Jesús, hoy la Iglesia nos invita a celebrar el Corazón de la Madre. Juntos.

De María nos dice Lucas en el evangelio que lo conservaba todo en el corazón. Los grandes acontecimientos de María pasados por el corazón, lugar donde se discierne la voluntad de Dios.

En lo más íntimo de su persona es donde uno aprende a descubrir el paso de Dios por su vida. Las cosas que nos se entienden a la primera, se descubren en la profundidad del corazón: silencio, reflexión, oración.

En su Corazón, María pudo descubrir lo que Dios quería de ella cuando el ángel de la anunciación. De Corazón pudo responder sí, hágase. Sí, hágase: porque así se responden a las preguntas que hace Dios.

Desde el Corazón se puso en camino para socorrer a Isabel. Cuando flaquean las piernas camina el corazón.
Con todo el Corazón vivió la llegada de la nueva criatura al mundo, aunque no tuvieran sitio en la posada… Ni en todo el país: con la huida a Egipto.
De Corazón intercedió por aquellos jóvenes esposos que se quedaron sin vino.
Con Corazón de madre entendió que su hijo la felicitara no por haberle amamantado, sino por ser una fiel discípula.


01 junio 2012

EVANGELIO DIARIO





Comentario al Evangelio del Viernes 01 de Junio del 2012

El evangelio de hoy es uno de los pasajes que más me conmueven al pensar en la humanidad de Cristo. Quizá nos hemos acostumbrado pero la verdad de nuestra fe al afirmar que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, nos convierte a los cristianos en gente realmente osada.

Jesús tiene hambre. Camina, está cansado y nada hay para comer en ese momento porque pasan por una higuera “pero no es tiempo de higos”. Ni corto ni perezoso, en lugar de utilizar su poder divino para hacer florecer la higuera y disfrutar sus frutos, se enfada con ella, la maldice y la seca de raíz.

Este pasaje enmarca la expulsión de los mercaderes del Templo en el evangelio según san Marcos. Posiblemente los discípulos y el mismo Marcos se sintieron obligados a dar alguna explicación para tal comportamiento. Si se tratara de un adolescente, no hubiera sido más que una rabieta… Si aplicamos un tratado de moral clásica, Jesús se hubiera llevado por delante buena parte de las virtudes cristianas. Y sin embargo, el evangelio aprovecha este hecho para animarnos a crecer en la fe y en la perseverancia en la oración.

Para mí no deja de ser un misterio. Estamos demasiado acostumbrados a no tomar en serio la humanidad de Jesús, nuestro Dios y Señor. Y a veces, defendemos lo indefendible. Con lo fácil que sería adorar el misterio, sonreir ante la enorme sencillez de Cristo y la grandeza de su humanidad que nos salva y nos hace más humanos.

Hoy recordamos a San Justino, filósofo y mártir, “el más importante de los padres apologistas del siglo II”, según Benedicto XVI. Es un buen intercesor para pedir hoy a Dios que nos enseñe a contemplar sin escandalizarnos, la grandeza de la humanidad de Cristo, su claridad, su fe, su íntima unidad con el Padre… ¡Se nos permite maldecir alguna higuera inocente si somos capaces de volver a ella y reconocer con humildad, que solo Dios da la vida y nos concederá todo lo que le pidamos!

Hna Rosa Ruiz
 misionera Claretiana

29 abril 2012

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


XLIX JORNADA MUNDIAL
DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

29 DE ABRIL DE 2012 – IV DOMINGO DE PASCUA
Tema: Las vocaciones don de la caridad de Dios

Queridos hermanos y hermanas

La XLIX Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 29 de abril de 2012, cuarto domingo de Pascua, nos invita a reflexionar sobre el tema: Las vocaciones don de la caridad de Dios.

La fuente de todo don perfecto es Dios Amor -Deus caritas est-: «quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16). La Sagrada Escritura narra la historia de este vínculo originario entre Dios y la humanidad, que precede a la misma creación. San Pablo, escribiendo a los cristianos de la ciudad de Éfeso, eleva un himno de gratitud y alabanza al Padre, el cual con infinita benevolencia dispone a lo largo de los siglos la realización de su plan universal de salvación, que es un designio de amor. En el Hijo Jesús –afirma el Apóstol– «nos eligió antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor» (Ef 1,4). Somos amados por Dios incluso “antes” de venir a la existencia. Movido exclusivamente por su amor incondicional, él nos “creó de la nada” (cf. 2M 7,28) para llevarnos a la plena comunión con Él.

Lleno de gran estupor ante la obra de la providencia de Dios, el Salmista exclama: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que te cuides de él?» (Sal 8,4-5). La verdad profunda de nuestra existencia está, pues, encerrada en ese sorprendente misterio: toda criatura, en particular toda persona humana, es fruto de un pensamiento y de un acto de amor de Dios, amor inmenso, fiel, eterno (cf. Jr 31,3). El descubrimiento de esta realidad es lo que cambia verdaderamente nuestra vida en lo más hondo. En una célebre página de las Confesiones, san Agustín expresa con gran intensidad su descubrimiento de Dios, suma belleza y amor, un Dios que había estado siempre cerca de él, y al que al final le abrió la mente y el corazón para ser transformado: «¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, más yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti» (X, 27,38). Con estas imágenes, el Santo de Hipona intentaba describir el misterio inefable del encuentro con Dios, con su amor que transforma toda la existencia.

Se trata de un amor sin reservas que nos precede, nos sostiene y nos llama durante el camino de la vida y tiene su raíz en la absoluta gratuidad de Dios. Refiriéndose en concreto al ministerio sacerdotal, mi predecesor, el beato Juan Pablo II, afirmaba que «todo gesto ministerial, a la vez que lleva a amar y servir a la Iglesia, ayuda a madurar cada vez más en el amor y en el servicio a Jesucristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia; en un amor que se configura siempre como respuesta al amor precedente, libre y gratuito, de Dios en Cristo» (Exhort. ap. Pastores dabo vobis, 25). En efecto, toda vocación específica nace de la iniciativa de Dios; es don de la caridad de Dios. Él es quien da el “primer paso” y no como consecuencia de una bondad particular que encuentra en nosotros, sino en virtud de la presencia de su mismo amor «derramado en nuestros corazones por el Espíritu» (Rm 5,5).

En todo momento, en el origen de la llamada divina está la iniciativa del amor infinito de Dios, que se manifiesta plenamente en Jesucristo. Como escribí en mi primera encíclica Deus caritas est, «de hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, Él sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente. El Señor tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro encuentro a través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía» (n. 17).

El amor de Dios permanece para siempre, es fiel a sí mismo, a la «palabra dada por mil generaciones» (Sal 105,8). Es preciso por tanto volver a anunciar, especialmente a las nuevas generaciones, la belleza cautivadora de ese amor divino, que precede y acompaña: es el resorte secreto, es la motivación que nunca falla, ni siquiera en las circunstancias más difíciles.

Queridos hermanos y hermanas, tenemos que abrir nuestra vida a este amor; cada día Jesucristo nos llama a la perfección del amor del Padre (cf. Mt 5,48). La grandeza de la vida cristiana consiste en efecto en amar “como” lo hace Dios; se trata de un amor que se manifiesta en el don total de sí mismo fiel y fecundo. San Juan de la Cruz, respondiendo a la priora del monasterio de Segovia, apenada por la dramática situación de suspensión en la que se encontraba el santo en aquellos años, la invita a actuar de acuerdo con Dios: «No piense otra cosa sino que todo lo ordena Dios. Y donde no hay amor, ponga amor, y sacará amor» (Epistolario, 26).

En este terreno oblativo, en la apertura al amor de Dios y como fruto de este amor, nacen y crecen todas las vocaciones. Y bebiendo de este manantial mediante la oración, con el trato frecuente con la Palabra y los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, será posible vivir el amor al prójimo en el que se aprende a descubrir el rostro de Cristo Señor (cf. Mt 25,31-46). Para expresar el vínculo indisoluble que media entre estos “dos amores” –el amor a Dios y el amor al prójimo– que brotan de la misma fuente divina y a ella se orientan, el Papa san Gregorio Magno se sirve del ejemplo de la planta pequeña: «En el terreno de nuestro corazón, [Dios] ha plantado primero la raíz del amor a él y luego se ha desarrollado, como copa, el amor fraterno» (Moralium Libri, sive expositio in Librum B. Job, Lib. VII, cap. 24, 28; PL 75, 780D).

Estas dos expresiones del único amor divino han de ser vividas con especial intensidad y pureza de corazón por quienes se han decidido a emprender un camino de discernimiento vocacional en el ministerio sacerdotal y la vida consagrada; constituyen su elemento determinante. En efecto, el amor a Dios, del que los presbíteros y los religiosos se convierten en imágenes visibles –aunque siempre imperfectas– es la motivación de la respuesta a la llamada de especial consagración al Señor a través de la ordenación presbiteral o la profesión de los consejos evangélicos. La fuerza de la respuesta de san Pedro al divino Maestro: «Tú sabes que te quiero» (Jn 21,15), es el secreto de una existencia entregada y vivida en plenitud y, por esto, llena de profunda alegría.

La otra expresión concreta del amor, el amor al prójimo, sobre todo hacia los más necesitados y los que sufren, es el impulso decisivo que hace del sacerdote y de la persona consagrada alguien que suscita comunión entre la gente y un sembrador de esperanza. La relación de los consagrados, especialmente del sacerdote, con la comunidad cristiana es vital y llega a ser parte fundamental de su horizonte afectivo. A este respecto, al Santo Cura de Ars le gustaba repetir: «El sacerdote no es sacerdote para sí mismo; lo es para vosotros»(Le curé d’Ars. Sa pensée – Son cœur, Foi Vivante, 1966, p. 100).

Queridos Hermanos en el episcopado, queridos presbíteros, diáconos, consagrados y consagradas, catequistas, agentes de pastoral y todos los que os dedicáis a la educación de las nuevas generaciones, os exhorto con viva solicitud a prestar atención a todos los que en las comunidades parroquiales, las asociaciones y los movimientos advierten la manifestación de los signos de una llamada al sacerdocio o a una especial consagración. Es importante que se creen en la Iglesia las condiciones favorables para que puedan aflorar tantos “sí”, en respuesta generosa a la llamada del amor de Dios.

Será tarea de la pastoral vocacional ofrecer puntos de orientación para un camino fructífero. Un elemento central debe ser el amor a la Palabra de Dios, a través de una creciente familiaridad con la Sagrada Escritura y una oración personal y comunitaria atenta y constante, para ser capaces de sentir la llamada divina en medio de tantas voces que llenan la vida diaria. Pero, sobre todo, que la Eucaristía sea el “centro vital” de todo camino vocacional: es aquí donde el amor de Dios nos toca en el sacrificio de Cristo, expresión perfecta del amor, y es aquí donde aprendemos una y otra vez a vivir la «gran medida» del amor de Dios. Palabra, oración y Eucaristía son el tesoro precioso para comprender la belleza de una vida totalmente gastada por el Reino.

Deseo que las Iglesias locales, en todos sus estamentos, sean un “lugar” de discernimiento atento y de profunda verificación vocacional, ofreciendo a los jóvenes un sabio y vigoroso acompañamiento espiritual. De esta manera, la comunidad cristiana se convierte ella misma en manifestación de la caridad de Dios que custodia en sí toda llamada. Esa dinámica, que responde a las instancias del mandamiento nuevo de Jesús, se puede llevar a cabo de manera elocuente y singular en las familias cristianas, cuyo amor es expresión del amor de Cristo que se entregó a sí mismo por su Iglesia (cf.Ef 5,32). En las familias, «comunidad de vida y de amor» (Gaudium et spes, 48), las nuevas generaciones pueden tener una admirable experiencia de este amor oblativo. Ellas, efectivamente, no sólo son el lugar privilegiado de la formación humana y cristiana, sino que pueden convertirse en «el primer y mejor seminario de la vocación a la vida de consagración al Reino de Dios» (Exhort. ap. Familiaris consortio,53), haciendo descubrir, precisamente en el seno del hogar, la belleza e importancia del sacerdocio y de la vida consagrada. Los pastores y todos los fieles laicos han de colaborar siempre para que en la Iglesia se multipliquen esas «casas y escuelas de comunión» siguiendo el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret, reflejo armonioso en la tierra de la vida de la Santísima Trinidad.

Con estos deseos, imparto de corazón la Bendición Apostólica a vosotros, Venerables Hermanos en el episcopado, a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos, a las religiosas y a todos los fieles laicos, en particular a los jóvenes que con corazón dócil se ponen a la escucha de la voz de Dios, dispuestos a acogerla con adhesión generosa y fiel.


BENEDICTO XVI