18 diciembre 2013

Preparen los caminos del Señor

1. La fe en el Señor Jesús, en su venida pasada, presente y futura no brota espontáneamente en el corazón de las personas, aunque tenemos una predisposición a acogerlo porque hemos sido hechos para Él: “Nos has hecho para ti Señor y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en ti” (San Agustín).

2. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “Si el hombre puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha. Pero esta búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad, un “corazón recto”, y también el testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios” (n. 30).

3. Nuestra principal tarea como Iglesia es pues enseñar a otros a buscar a Dios ya que sólo en Él encontrarán paz y sentido a sus vidas. La acción pastoral del Papa Francisco, con gestos concretos de misericordia, con un lenguaje clave de amor y de cómo Dios actúa en nuestras vidas, es un modelo a seguir.

4. Esta constatación nos lleva a fijar nuestros ojos en la figura de San Juan Bautista ya que Dios le dio como misión en este mundo “preparar al Señor un pueblo bien dispuesto”, tal como se lo dijo el ángel Gabriel a su padre Zacarías (Lc 1, 17) y él mismo lo canta el día de la circuncisión de Juan el Bautista: “Y tu niño, serás llamado Profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor preparando sus caminos” (Lc 1, 76).

5. Juan el Bautista no improvisa su misión. Se va (treinta años) al desierto (Lc. 1, 80; 3, 2), vive en completo anonimato dedicado a la oración, a la escucha de la Palabra de Dios, a la lectura de los signos de los tiempos, llevando un estilo de vida muy austero (Mt 3, 4). De esta profunda comunión con Dios obtiene la fuerza para anunciar al Mesías Cristo, denunciar el pecado de Herodes y de los fariseos, llamar a todos a la conversión, soportar la cárcel y finalmente dar su vida por el Evangelio de la Verdad y la Justicia. Con razón Jesús lo llama “lámpara ardiente y luminosa” (Jn 5, 35) y afirma que es el profeta más grande nacido de mujer (cfr. Mateo 11, 11).

6. Junto a este testimonio de vida potente y a la fuerza profética de su Palabra, debemos destacar en Juan Bautista su humildad. Se define a sí mismo simplemente como “una voz que grita en el desierto” (Lc 3, 4); él no es la Palabra salvadora sino solamente la voz de la Palabra. Y ante las dudas de su pueblo les dice: “Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego” (Lc 3, 16).

7. Si cada uno revisa su historia de fe, podrá reconocer que han intervenido en ella muchos “Juanes Bautistas”, hombres y mujeres que con su testimonio de vida, de amor entregado, de servicio incondicional a los más pobres nos han acercado a Jesús. ¿Cómo reconocemos a estos testimonios en nuestras comunidades? No lo olvidemos, siempre cerca nuestro hay hermanos que nos acercan al Señor.

8. Contemplando a Juan Bautista en el Evangelio y a los “Juanes Bautistas” que han sido los instrumentos de Dios en nuestras vidas para abrirnos la “puerta de la fe” y consolidarla, oigamos su llamado en este Adviento a ser también nosotros “Juanes Bautistas” para otros. La fe se transmite persona a persona, ayudados ciertamente por muchos otros medios (publicaciones escritas, imágenes, audiovisuales, etc.), pero nada sustituye el contacto personal, la escucha atenta, el diálogo sereno, la presencia amistosa, la bondad incondicional.

9. Para ello démonos tiempos más largos de preparación espiritual, como lo hizo San Juan Bautista. La tradición espiritual los llama “días de desierto”, en los cuáles Dios nos hablará al corazón (cfr. Os. 2, 16). Dice el bienaventurado Carlos de Foucauld: “Es necesario pasar por el desierto y vivir en él para recibir la gracia de Dios; allí es donde nos vaciamos, donde arrojamos de nosotros todo cuanto no es Dios (…) Es un tiempo de gracia, un período por el cual necesariamente ha de pasar el alma que quiere producir fruto”.

10. Estos tiempos de soledad y silencio nos ayudarán a despojarnos de todo lo superfluo, a crecer en austeridad, a tener una mayor sensibilidad social y a compartir lo nuestro con los que nada tienen. Nos predisponen así a acoger la enseñanza de nuestros Obispos para “humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile”, sin creernos nunca los salvadores. Sólo Dios salva y hace crecer su reino. Lo nuestro es, por lo tanto, disminuir para que Él y su reinado crezcan. (cfr. Jn. 3, 30).


Para la oración personal

• En el silencio de la oración contemplar a Juan el Bautista y dejarnos interpelar por su testimonio y su predicación: Lucas 3, 1-20.

• Repasar mi historia de fe identificando los “juanes bautistas” que el Señor me ha regalado en las distintas etapas de mi vida. Recordar sus rostros, testimonios y palabras. Agradecerlos de corazón.

• Releer el “canto de Zacarías” (Lucas 1, 67-79) sintiéndolo como una invitación a ser Juan el Bautista para otras personas en mi familia, trabajo, vecindario, organización social, deportiva o artística. ¿Cómo puedo hacerlo? ¿Qué me falta? Pedir al Señor la gracia de pasar por el desierto para poder preparar sus caminos y anunciarlo con fuerza y convicción.

06 septiembre 2013

SEPTIEMBRE MES DE LA BIBLIA

La Comisión Nacional de Animación Bíblica de la Pastoral (antes llamada de Pastoral Bíblica), se crea en el año 1985 con la finalidad de ofrecer difusión y formación bíblica. Una de sus primeras tareas fue impulsar la semana de la Biblia que, a partir del año 2000, pasa a ser el Mes de la Biblia en nuestro país (celebración que es compartida por todos los países latinoamericanos).

Objetivo general: 
Contribuir a profundizar, socializar e implementar en las Diócesis, el servicio evangelizador de la Iglesia en Chile a través de la Animación Bíblica de la Pastoral.
Objetivos específicos: 
• Contribuir a gestar el encuentro con Cristo, generando una relación de discípulos, de hijos en Hijo. 
• Aportar al fortalecimiento de personalidades auténticamente humanas y cristianas.
• Profundizar la comunión y la fraternidad como un don parea el servicio de los demás y de manera especial
a los más pobres.


La intención es que durante este mes, en todas las comunidades cristianas, se desarrollen algunas actividades que nos permitan acercarnos mejor y con más provecho a la Palabra de Dios

Durante todo el mes de Setiembre, la Iglesia celebra el mes de la Biblia. La intención es que durante este mes, en todas las comunidades cristianas, se desarrollen algunas actividades que nos permitan acercarnos mejor y con más provecho a la Palabra de Dios.

Propuestas para escuchar la Palabra


- La lectura diaria de los textos bíblicos litúrgicos es una excelente ayuda para profundizar en la Palabra de Dios. De esta manera nos unimos a toda la Iglesia que ora al Padre meditando los mismos textos. También nos acostumbramos a una lectura continuada de la Biblia, donde los textos están relacionados y lo que leemos hoy se continua con lo de mañana. La lectura diaria de los textos (para lo cual Liturgia Cotidiana es una excelente herramienta) constituye una "puerta segura" para escuchar a Dios que nos habla en la Biblia.

- ¿Has leído alguna vez un evangelio entero "de corrido"? Es muy interesante descubrir la trama de la vida de Jesús escrita por cada evangelista. Muchos detalles y relaciones entre los textos que cada evangelista utiliza quedan al descubierto cuando uno hace una lectura continuada. Este mes es propicio para ofrecerle a Dios este esfuerzo. Te recomendamos la lectura del evangelio de Marcos. No es muy largo, en unas horas se puede leer. Al ser el primero de los sinópticos, los otros (Mateo y Lucas) lo siguen en el esquema general. Por lo tanto es una muy buena "puerta de entrada" al mensaje de Jesús.

- Otra posibilidad para poner en práctica este mes (y tal vez iniciar un hábito necesario y constructivo) es la oración con los salmos. Los mismos recogen la oración del pueblo de dios a lo largo de casi mil años de caminata del pueblo de Israel. Nos acercan la voz del pueblo que ora con fe, y la palabra de Dios, que nos señala esta manera de orar para acercarnos y escuchar sus enseñanzas. En los salmos podemos encontrar una inmensa fuente de inspiración para la oración.


Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia desde el corazón y atentos a la escucha de lo que nos quieres comunicar.
Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren.







05 julio 2013

TALLERES METODOLÓGICOS DE INVIERNO



Querid@ herman@ catequista:

Recibe una vez más nuestro cálido saludo en estos fríos días en los que el Señor nos permite crecer en solidaridad y amistad.

El estado de misión permanente de la iglesia, no es ajeno a la catequesis, como tampoco lo es la necesidad de renovación en las estructuras que no están sirviendo adecuadamente a la evangelización. Es por eso que queremos invitarte, como parte de esta iglesia en misión, a participar en los Talleres metodológicos de invierno que realizaremos el sábado 20 de julio entre las 8:30 y 18:30 hrs. en la Escuela Alemania (Av. Argentina 455, Valparaíso).

Reconocemos claramente en nuestra diócesis una urgencia pastoral en los que se refiere a la catequesis bautismal y matrimonial, por eso en los talleres de este año enfrentaremos estos temas para buscar juntos caminos de conversión pastoral que nos hagan ser catequistas entusiastas, convencidos, verdaderos testigos creíbles del Evangelio.

La temática que desarrollaremos abordará los siguientes temas:

- Ser y quehacer de la catequesis
- Perfil y espiritualidad del catequista
- El desafío de evangelizar a la familia
- Renovación del lenguaje: de charlas a catequesis
- Necesidad y conveniencia del bautismo y el matrimonio hoy

Como de costumbre, la invitación es para todos los catequistas, y de una manera especial para quienes están actualmente desarrollando su misión en el área bautismal y matrimonial.

Para poder optimizar la organización de estos talleres, te pedimos puedas enviarnos la ficha de inscripción a catequesisvalpo@gmail.com o directamente en el obispado de Valparaíso, cuarto piso oficina de catequesis, y aportando $3000 para materiales y un rico almuerzo.

Para consultas no dudes escribirnos a catequesisvalpo@gmail.com o llamando al 2255538 anexo 245.

Que el Señor te bendiga, nos vemos pronto,


Comisión diocesana de Catequesis
Obispado de Valparaíso

06 junio 2013

MEDITACIÓN SOBRE EL CORAZÓN DE JESÚS
¿Cómo entender hoy la “devoción al Sagrado Corazón de Jesús”? ¿Sigue siendo un  lenguaje válido para el cristiano del siglo XXI? ¿Qué hay de forma y qué hay de fondo? o ¿cómo ir más allá de ciertas imágenes y formulaciones que remiten a teologías de épocas pasadas?

Distingamos lo que nos parece central y duradero, dejando de lado lo que pertenece a formas propias de ciertas épocas o sensibilidades particulares. Hablaremos sólo de lo que nos parece más importante al mirar el Corazón de Jesús. Al entrar en la hondura del sentir y del querer de Jesús encontramos, al menos, cuatro impulsos:

I.                   Un corazón ofrecido, entregado, disponible por completo al Padre.
II.                 Un corazón humano que ama como nunca nadie ha amado.
III.              Un corazón humano que quiere ser amado
IV.              Un corazón que siente el dolor de los pobres y desea reparación.



I.                   Tal vez la disposición más característica del Corazón de Jesús es su actitud de amorosa ofrenda al Padre. Está del todo disponible para cumplir la voluntad del Padre, está ofrecido en oblación de amor para salvación de toda la humanidad. Su actitud fundamental es de generosa entrega, de auto donación, en amor a su Padre y a sus hermanos. No hay en él asomo de mezquindad, de egoísmo, de estar centrado en sí mismo. Es el hombre para los demás, al servicio de la misión que el Padre le encomienda. Un corazón que muere a su propio querer, un corazón anonadado, humilde, obediente, a la vez que valiente y amante.

Cuando Pablo invita a los Filipenses a tener los mismos sentimientos de Cristo y luego desarrolla el bello himno cristológico (2,5-11), nos invita a este tipo de identificación con Cristo. Nos propone unirnos al sentimiento de amorosa entrega de Jesús.
La mejor expresión de su auto donación y el retrato máximo de su Corazón entregado lo encontramos en la imagen del costado abierto del Crucificado, del cual brotó sangre y agua (Jn 19,34).

Jesús anticipó y expresó de manera inesperada esta entrega de su Corazón en los gestos y palabras de la Última Cena. “Tomen y coman todos de él, esto es mi cuerpo, entregado por ustedes.” (…) “Esta es mi sangre, sangre de la Alianza nueva y eterna, derramada por ustedes…” Esa noche Jesús dejó instituido como signo y sacramento el impulso de amor permanente de su Corazón entregado por nosotros. Aceptaba, por amor, la dolorosa e injusta muerte que le era impuesta. Aceptaba dar la vida por los suyos, demostrando el amor más grande.

Jesús me invita a asociar mi corazón al suyo, haciendo mío su querer y su sentir. Esa es la actitud interior fundamental que nos propone vivir. Entregar la vida para la misión, ofrecer de corazón mi día y mis obras para el servicio del Reino. Es vivir la espiritualidad eucarística, “por Cristo, con Él y en Él”, Cristo ofrecido en la Eucaristía y nosotros con Él.

II.                Nunca nadie amó como Él.
Los pobres, los pecadores, los enfermos, los niños, los marginados, todos encontraron refugio y consuelo en el cariño y la bondad de Jesús que “pasó haciendo el bien” (Hch 10,38). Fue el rostro amable de Dios para los abatidos y los desesperanzados, que recibieron acogida, comprensión, aliento. Del amor abundante de ese Corazón los humildes recibieron dignidad y vida nueva.

El amor más grande, el amor que da la vida por los suyos (Jn 15,13), el amor que sale a nuestro encuentro en ese Corazón, es:
·        Amor gratuito, incondicional, sin marginaciones (Mt 5,44).
·        Amor sin medida, “Yo los amo a ustedes como el Padre me ama a mí” (Jn 15,9).
·        Amor de amistad, “los llamo mis amigos” (Jn 15,11-17).
·        Amor valiente, no teme enemistarse con los poderosos (Mc 3,1-6).
·        Amor tierno, abraza a los niños (Mc 10,13-16).
·        Amor misericordioso, “...Yo tampoco te condeno” (Jn 8,11)
·        Amor que corre a darnos su perdón (Lc 15,11-32).
·        Amor paciente y humilde (Mt 11,29).
·        Amor desafiante, que invita a seguirlo (Mc 10,21).
·        Amor que siente compasión de la muchedumbre, “que estaban como ovejas sin pastor” (Mc 6,30-44)
·        Amor ofrecido a los que nadie amaba (Lc 7,36-50)

Este es el amor ardiente e incontenible que está en el Corazón de Jesús, el corazón más humano de todos, por ser también divino. Hoy el Resucitado nos sigue amando con ese mismo corazón humano, en su plena humanidad glorificada. “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).

En este Corazón queremos hacer nuestra morada. Él suple con su infinita misericordia nuestras limitaciones e incoherencias. A Él nos acogemos con la confianza de no ser rechazados, porque su amor sana nuestras miserias. Entendemos así y nos hacemos cargo de las palabras de Juan Pablo II: “es urgente que el mundo sepa que el Cristianismo es la religión del amor.”

III.              La piedad clásica del Sagrado Corazón de Jesús invita a una oración de reparación ante los ultrajes que sufre un Corazón que tanto ha amado a la humanidad y que no recibe más que desprecios e indiferencia, un Corazón triste por la ingratitud del mundo.

“He aquí este Corazón que tanto amó a los hombres hasta consumirse para testimoniarles su amor. Y como reconocimiento sólo recibe de la mayoría ingratitudes, por las irreverencias y sacrilegios, y por la frialdad y desprecio que tienen conmigo en este Sacramento de amor. Y lo que me duele más es que son corazones a mi consagrados que también proceden de esta manera.” (Palabras de Jesús a Santa Margarita María en junio de 1675)

Este lenguaje quejumbroso y sentimentalista puede hoy chocar nuestra sensibilidad moderna, pero nos da luces para entender mejor la verdadera humanidad de Jesús y tomar conciencia de una dimensión que nos resulta sorprendente: Jesús, al igual que nosotros, necesita cariño. Él fue hombre como nosotros somos hombres, en todo lo que esto significa, también en sus sentimientos, en sus penas y alegrías, en sus necesidades de afecto. El hecho de ser también Dios no le resta nada a su verdadera humanidad. Le gusta que lo quieran, tal como nos ocurre a todos nosotros, y le duele el rechazo. Esto es simplemente un resultado de la Encarnación. Recordemos el grito de San Francisco de Asís recorriendo Umbría: “¡El amor no es amado!”.

Causa de profundos sufrimientos para Cristo durante su vida terrena fue la incomprensión de muchos, la violencia de sus enemigos, y el rechazo de su propio pueblo a su oferta de gozo y salvación en el Reino de Dios. Llegó a llorar sobre Jerusalén al sentir este rechazo (Lc 13,34-35). Un corazón que experimenta estas tristezas queda maltrecho y herido, requiere del afecto y la amistad de los amigos verdaderos.

Jesús eligió discípulos para la misión del Reino porque no quería estar solo, porque le gustaba tener amigos (nos lo dice Mc 3,14: “los eligió para que estuvieran con él”), porque su Corazón los necesitaba. Sufre la humana soledad y tristeza cuando ellos no confían en él, lo abandonan o dejan de seguirlo. Esperaba de ellos fidelidad y apoyo en sus momentos difíciles. La noche de la Última Cena les pide con cierta nostalgia: “permanezcan en mi amor” (Jn 15,9).

La humanidad de Jesús deseosa de ser querida no es anulada por la resurrección, pues a orillas del lago de Tiberíades el Resucitado le reclama a Pedro su amor: “Simón, ¿me amas?” (Jn 21,15). El Amor pide ser amado, incluso en su actual estado glorioso.
Pero también notamos otro aspecto al mirar este Corazón que desea nuestro amor: Jesús no sólo quiere ser amado, y se entristece cuando es olvidado, sino también se alegra enormemente con el amor que le podemos dar, desde nuestra pequeñez y pobreza. No hay duda que también su Corazón está muy lleno de alegría, ya desde antes de su resurrección (Jn 15,11). El vencedor gozoso sobre la muerte ahora también se alegra intensamente con nuestro corazón ofrecido con generosidad.

No sería fiel a la realidad del Corazón de Jesús quedarnos sólo con su tristeza por el amor rechazado. ¡Él es ante todo un Corazón feliz! Feliz con sus hijos e hijas, feliz de que estemos con él, feliz cuando ve nuestras luchas honestas por ser más fieles y mejores apóstoles. Feliz con la sonrisa de los niños y el amor de una mamá. Está contento cuando a los pobres (muchas veces nosotros mismos) se les anuncian Buenas Nuevas. Él se goza con nosotros y le gusta querernos, nos alienta en los esfuerzos pastorales y se alegra con nuestros logros (que en realidad son de él).

IV.             Hay un cuarto tema cristológico al que nos remiten las tristezas que siente el Corazón de Jesús. Esta mirada nos ayuda a entender su identificación con los pobres y aclara y actualiza el tema de la reparación, tema central en esta espiritualidad.
El Corazón misericordioso de Jesús siente especial predilección y compasión por aquellos que la sociedad olvida y desprecia, los humildes y pequeños. Como el corazón de una mamá, Dios desea dar más cuidado a los más desvalidos.

Hoy Jesús está triste por el dolor de sus hermanos y hermanas los pobres y sufridos de esta tierra, con los cuales Él se identifica (“Tuve hambre, y no me dieron de comer…” - Mt 25). Su Corazón en extremo sensible los ama con un cariño especial. Siente gran dolor al ver a tantos de sus pequeñitos tratados con cruel injusticia, y ver que el sueño de un mundo más humano por el que murió sigue como tarea por hacer.
Lejos de un sentimentalismo auto referente, la verdadera tristeza del Corazón de Jesús es entonces el dolor de todos los no amados de la historia, de los tristes por su soledad y miseria, de los perdedores y abandonados. En ellos Jesús sigue sufriendo y para ellos Jesús pide amor y justicia, que es la reparación que más le interesa (Is 58: “El ayuno que me agrada es que abran las prisiones injustas”).

Aliviamos y “reparamos” su corazón afligido cuando socorremos al hermano pobre y desamparado, cuando atendemos al necesitado, cuando hacemos justicia.


A este tipo de amor nos llama la espiritualidad del Corazón de Jesús, porque así nos ama él. Amar entregando la vida como él la entregó. Amar con gratuidad, sin esperar nada a cambio. Amarlo a él porque a su corazón humano le gusta que lo quieran. Amar como él amó, amar a quienes él amó. 

(Claudio Barriga, sj, febrero 2007)

24 mayo 2013

INVITACIÓN IMPORTANTE


Queridos(as) Catequistas:En este tiempo de gozo por la fiesta de Pentecostés vivida hace poco, reciban nuestro cariñoso saludo junto con una interesante invitación.

El padre Gonzalo Bravo (párroco de "La Matriz" en Valparaíso), nos invita, a nombre de la Asociación Bíblica Chilena, a la Conferencia Pública del afamado biblista español, Profesor Santiago Guijaro. Él es un sacerdote español que, actualmente preside la Asociación Bíblica Española. Es un reconocido autor sobre diversas materias de la Biblia. Para conocer un poco más sobre el Padre Santiago, se puede ver link: Santiago Guijarro Oporto

La charla se realizará, si Dios quiere, el Jueves 30 de mayo a las 19 hrs. en la Sala Quinto Centenario de la Casa Central de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (Av. Brasil 2950, frente a estación Barón de Merval).
Por tratarte de una actividad relevante, les rogamos puntualidad y mucha alegría en la participación. 
El tema de la Charla es la fe en torno al 'Primer anuncio en Jerusalén'.

Esperamos que con esta ocasión, podamos seguir caminando en este año de la fe y, sobre todo, reflexionar en torno a la fe con una persona altamente competente, sencilla y generosa, quien ha pensado especialmente en este encuentro con las diversas comunidades.

Dios permita que nos veamos el Jueves a las 19 hrs.
Un abrazo grande y fraternal.
En Cristo y María,

P. Gonzalo Bravo A.
Comisión Diocesana de Catequesis

17 mayo 2013

PENTECOSTÉS


Fiesta de la Iglesia

Pentecostés es la culminación de la fiesta de la Pascua, la celebración del misterio de la resurrección de Jesús, celebración que ha durado cincuenta días. Hacemos memoria, recordamos, que la primera comunidad de los cristianos recibió el impulso y el don que les hizo capaces de superar el miedo, de anunciar la Buena Noticia de Jesús de Nazaret a todas las gentes. Nosotros, reunidos en la Iglesia por la acción de ese Espíritu, también hemos recibido ese don, también estamos comprometidos con la tarea de anunciar el Evangelio. Para eso hemos sido convocados, para extender el destino de bienaventuranza que Dios ha preparado para todos los seres humanos, para crear una humanidad nueva donde el pecado sea superado con el perdón, y donde las diferencias no sean armas de separación sino dones para la edificación del bien común, de una sociedad alegre y en paz.

El Domingo de Pentecostés (cincuenta días después de la Pascua) nos muestra, con la proverbial primera lectura (Hechos 2,1-11), que las experiencias de Pascua, de la Resurrección, nos han puesto en el camino de la vida verdadera. Pero esa vida es para llevarla al mundo, para transformar la historia, para fecundar a la humanidad en una nueva experiencia de unidad (no uniformidad) de razas, lenguas, naciones y culturas. Lucas ha querido recoger aquí lo que sintieron los primeros cristianos cuando perdieron el miedo y se atrevieron a salir del «cenáculo» para anunciar el Reino de Dios que se les había encomendado.
Todo el capítulo primero de los Hechos de los Apóstoles es una preparación interna de la comunidad para poner de manifiesto lo importante que fueron estas experiencias del Espíritu para cambiar sus vidas, para profundizar en su fe, para tomar conciencia de lo que había pasado en la Pascua, no solamente con Jesús, sino con ellos mismos y para reconstruir el grupo de los Doce, al que se unieron todos los seguidores de Jesús. Por eso, el día de Pentecostés ha sido elegido por Lucas para concretar una experiencia extraordinaria, rompedora, decidida, porque era una fiesta judía que recordaba en algunos círculos judíos el don de la Ley del Sinaí, seña de identidad del pueblo de Israel y del judaísmo. Las pretensiones para que la identidad de la comunidad de Jesús resucitado se mostrara bajo la fuerza y la libertad del Espíritu es algo muy sintomático. El evangelista sabe lo que quiere decir y nosotros también, porque el Espíritu es lo propio de los profetas, de los que no están por una iglesia estática y por una religión sin vida. Por eso es el Espíritu quien marca el itinerario de la comunidad apostólica y quien la configura como comunidad profética y libre.

La Promesa del Padre

Poco antes de ascender al cielo, Jesús había mandado a sus discípulos «que no se ausentasen de Jerusalén, sino que esperasen la Promesa del Padre». Ciertamente los apóstoles se habrán preguntado: ¿Cuál promesa? Por eso Jesús continúa: «Seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días». Y aclara más aún: «Recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,4.5.8). Y luego Jesús fue llevado al cielo. Después de esta precisa instrucción de Jesús, nadie se atrevió a moverse de Jerusalén. La «Promesa del Padre» había de ser un don de valor incalculable que nadie se quería perder. Es así que cuando volvieron del monte de la Ascen­sión, los apóstoles subieron a la estancia superior, donde vivían, y allí se dispusieron a esperar. El relato continúa nombrando a todos los apóstoles, uno por uno; a esta cita no falta ninguno, ni siquiera Tomás: «Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo sentir, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos» (Hch 1,14). Allí estaba congregada la Iglesia fundada por Jesús alrededor de la Madre del Maestro Bueno: María de Nazaret. La naciente Iglesia estaba a la espera de algo que no conocía y que vendría en fecha incierta. Mientras no llegara, no podía moverse. La Promesa del Padre llegó el día de Pentecostés, que era una fiesta judía que se celebraba cincuenta días después de la Pascua de los judíos. Entonces comenzaron a moverse...


15 mayo 2013

DÍA DEL CATEQUISTA 2013

Un día para los catequistas

Como cada año, antes de la fiesta de la Ascensión del Señor, nos reunimos a celebrar el Día del Catequista, bajo el lema: Celebramos la fuerza y belleza de nuestra fe. Junto con las fotos de la celebración de este año, les ofrecemos algunas ideas para reflexionar y profundizar acerca de nuestra misión.

Comprendemos que Cristo antes de volver a la Casa del Padre, a su Casa, encomienda a los apóstoles -y con ellos a cada uno(a) de nosotros(as)- continuar su misión. Podríamos decir que el Señor nos hereda cada una de sus palabras, gestos y motivaciones pero no sólo para gozarlas, sino que para compartirlas y así continuar diciendo y haciendo lo que Él diría y haría si estuviese físicamente con nosotros. Entendemos, por tanto, que la misión de un catequista es hacer presente la Buena Noticia de Jesucristo en lo que va viviendo, a través del testimonio que surge únicamente de la experiencia personal de Dios. No podemos callar lo que hemos visto y oído (Hch 4, 20), es necesario compartirlo, anunciarlo, gritarlo pero no como una teoría o como un cuento muy bien aprendido, sino como parte esencial de mi vida. No da lo mismo la vida con Cristo que sin Él; tengo una Buena Noticia que compartir con los que me rodean. 
La parábola del sembrador (Mc 4, 3 - 9), es la que una vez más nos anima a seguir con esta importante y delicada misión. Habitualmente nos identificamos con la tierra que recibe la semilla de la Palabra de Dios y que de distintas maneras favorece o no el crecimiento para obtener los esperados frutos... sin embargo, nuestra labor como catequistas es la del sembrador que no se desanima por la semilla que cae al borde del camino, ni por la que crece entre espinas o la que ilusiona con un rápido crecimiento pero termina sin dar fruto por falta de raíz. Cada uno de nosotros, tal como Jesús, volvemos a poner nuestra confianza en el Dueño de los campos que nos envía a sembrar su semilla, sin pretender que el éxito de nuestra misión esté en nuestras manos.
El campo es del Señor, lo mismo que la semilla. A nosotros nos queda, una vez más renovar nuestra fe y esperanza en Él que hace posible nuestro apostolado y hace posible que la semilla crezca y dé fruto abundante.
Que en las proximidades de la fiesta del Espíritu Santo, podamos profundizar en nuestro ser de catequistas: instrumentos (como el sembrador) de Dios para que nuestro mundo tenga vida, Vida en abundancia.

Comisión Diocesana de Catequesis
Fotos Día del Catequista

10 abril 2013


A LA IGLESIA QUE AMO
La alegría de la Pascua en la Iglesia

Discípulos de Cristo: La Pascua es una invitación serena y honda a la alegría porque celebramos la victoria definitiva de Cristo sobre el pecado y la muerte. 
Es la celebración de la reconciliación del mundo con el Padre y la unidad del género humano. Con Cristo ha venido una nueva creación. 
Todo es nuevo, distinto. Los hombres deben tener una nueva forma de mirar, de oír, de gustar, de ser. Todo lo que existe es distinto.

La responsabilidad de la Pascua para todos nosotros está en que toda esta novedad la tenemos que hacer transparente y comunicativa. Es la novedad de haber hecho realidad en nuestra vida el contenido de aquellas palabras del Evangelio: «Hemos visto al Señor» 
(/Jn/20/25). Haber visto al Señor supone una experiencia inigualable. 
Supone haber tenido lo que nunca jamás uno se hubiera imaginado.

Todos habremos experimentado algún momento en especial cercanía a Cristo y lo a gusto que nos hemos encontrado. Son estos momentos que nunca cambiaríamos por nada, ni por nadie. Son momentos en que decimos sin miedo a confundirnos, ni a quedar en ridículo, ni a 
importarnos el qué dirán: «Hemos visto al Señor» en la fe. La alegría que en esos instantes está en nuestra vida es indescriptible.


ALEGRIA/SIGNO: Pues bien, el signo de una existencia cristiana verdadera es la alegría. Y la alegría es el mejor testimonio de la autenticidad de una vida. En el cristianismo, no se trata de ser individualmente alegres. Se trata fundamentalmente de formar comunidades pascuales que irradien cotidianamente la alegría. Urge recuperar la alegría de la Pascua, que es distinta a otras alegrías superficiales y pasajeras. El signo de descomposición de una comunidad cristiana es la tristeza, la amargura, el pensar mal de los demás, los miedos diversos que podemos sentir y que parece que se instauran a perpetuidad en nuestra vida. Es necesario que 
escuchemos muchas veces aquellas palabras del Evangelio: 
«Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dice: no os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí» (Mc 16,5-ó). 
Novedad y alegría de la Pascua: La Pascua nos pone ante la inevitable y gozosa exigencia de lo nuevo en el mundo, en la historia y en nosotros mismos. En la Pascua celebramos la Vida. Esa Vida que no acaba, que alienta en el camino, que da seguridad absoluta en la inseguridad, que da valor en el miedo, que da fortaleza en la debilidad, que da alegría en la cruz y el 
sufrimiento.

Hoy nos es necesario recuperar esta Pascua. Es urgente que los hombres sintamos en nuestras vidas la presencia de la Pascua que es Cristo el Señor. Hace falta que recuperemos la alegría en el mundo y en la Iglesia o mejor recuperar la alegría en la Iglesia para el mundo. 
Solamente recuperando esa alegría en la Iglesia, recuperamos el sentido de la cruz. Porque no se trata de una alegría superficial y pasajera, que a veces puede coincidir con un éxito inmediato, sino de una alegría honda y eterna que solamente nace de la cruz y que es 
fruto del amor de Dios que se derramó en nuestros corazones por el   Espíritu Santo que nos fue dado: «El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz» (Gal 5,22). Parecería que hablar de la alegría nos hiciese perder el sentido de la realidad, ya que en el mundo vemos dolor, enfermedad, enfrentamientos... Hablar de la alegría no es ignorar el dolor, el sufrimiento, la muerte. Todo lo contrario. Es descubrir el sentido de la cruz desde la fecundidad del misterio de la Pascua.

03 abril 2013

¡Feliz Pascua!


El gozo de la resurrección en nuestra vida

«No está aquí, ¡ha resucitado!»
La celebración del misterio pascual tiene un doble aspecto. La Muerte del Señor Jesús en la Cruz nos libera de las cadenas del pecado; y su Resurrección gloriosa que nos abre el acceso a una vida nueva como hijos de Dios. El culmen de las celebraciones de la Semana Santa es la Resurrección del Señor. «Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también nuestra fe» llega a decir el Apóstol Pablo. La Resurrección es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo y es la confirmación de todo lo que Cristo hizo y enseñó.
Celebrar la fiesta de Pascua, “fiesta de las fiestas” exige una disposición adecuada para escuchar y acoger su mensaje. Es la ocasión privilegiada del año para renovar nuestra fe en Cristo Resucitado, acoger en nuestra vida de fe lo que esto significa.
Nos preguntamos ¿Cómo celebramos la Pascua? Y ¿cómo la vamos a seguir celebrando?
Se trata de disponernos a mejor colaborar con el Espíritu para que la fuerza del Resucitado nos transforme y convierta cada día más, para entender mejor qué significa que el Señor ha resucitado.
Vemos que a muchas personas como que se les ha entumecido su fe y viven como si no la tuvieran. La Pascua es tiempo de anuncio, de compromiso apostólico. Cada uno, desde su situación y posibilidades, está llamado a dar testimonio de nuestra fe en el Señor, muerto y resucitado para nuestra reconciliación.

«Estén siempre alegres en el Señor» (Flp 4, 4)
El tiempo pascual es ocasión privilegiada para vivir y anunciar la alegría del Resucitado. Experimentamos con especial intensidad en este tiempo el júbilo, el gozo desbordante que inundó el corazón de María Magdalena, de los apóstoles y discípulos de Jesús, al escuchar y comprobar la buena noticia: ¡ha resucitado!
Esta experiencia de fe nos alienta en nuestro combate espiritual, invitándonos a poner siempre los ojos en Aquél que venció al pecado y a la muerte, fortaleciendo nuestra confianza en sus promesas. Asimismo, la fe nos mueve al anuncio gozoso, al testimonio en primera persona de que el Señor nos ha dado una vida nueva. ¿Cuántas personas que frecuentamos o nos son cercanas tal vez no conocen al Resucitado? ¿Cuántos han perdido la esperanza o la alegría de vivir? ¿A cuántos podemos hoy contagiar con la buena noticia de la Vida Nueva que nos consigue la resurrección del Señor?
Contagiémonos de la experiencia de fe que invade la liturgia de Semana Santa: “¡Cristo nuestra Pascua, se ha inmolado en la cruz por nuestros pecados y ha resucitado glorioso: hagamos fiesta en el Señor!”. Acojamos los frutos de la reconciliación, de la paz y de la alegría y demos testimonio con toda nuestra vida de que el Señor Jesús es verdaderamente la resurrección y la vida.

Pascua en la vida cotidiana
El gran acontecimiento de la Resurrección del Señor que la liturgia nos permite revivir, nos tiene que llevar naturalmente a seguir lo celebrando en casa y transmitirlo a muchas personas. La alegría no se puede esconder, no debe quedar ahogada cuando termina la Misa de Resurrección o el tiempo pascual, todo lo contrario, salimos llenos de entusiasmo a compartirla con todos aquellos que nos vamos topando en el camino. De eso se trata la vida cristiana.

Preguntas para profundizar
·        ¿Cómo puedo celebrar la Pascua?
·        ¿Cómo celebré la semana santa?
·        ¿Dónde pude reconocer la presencia de Jesús resucitado en estos días?
·        La celebración de la Pascua del Señor, ¿a qué me compromete en mi vida cristiana y mi apostolado? ¿Cómo puedo anunciar en los tiempos actuales que Cristo resucitó?

30 diciembre 2012

"UNA FAMILIA DIFERENTE"

Entre los católicos se defiende casi instintivamente el valor de la familia, pero no siempre nos detenemos a reflexionar el contenido concreto de un proyecto familiar, entendido y vivido desde el Evangelio.

¿Cómo sería una familia inspirada en Jesús?

La familia, según él, tiene su origen en el misterio del Creador que atrae a la mujer y al varón a ser "una sola carne", compartiendo su vida en una entrega mutua, animada por un amor libre y gratuito. Esto es lo primero y decisivo. Esta experiencia amorosa de los padres puede engendrar una familia sana.
Siguiendo la llamada profunda de su amor, los padres se convierten en fuente de vida nueva. Es su tarea más apasionante. La que puede dar una hondura y un horizonte nuevo a su amor. La que puede consolidar para siempre su obra creadora en el mundo.
Los hijos son un regalo y una responsabilidad. Un reto difícil y una satisfacción incomparable. La actuación de Jesús, defendiendo siempre a los pequeños y abrazando y bendiciendo a los niños, sugiere la actitud básica: cuidar la vida frágil de quienes comienzan su andadura por este mundo. Nadie les podrá ofrecer nada mejor.
Una familia cristiana trata de vivir una experiencia original en medio de la sociedad actual, indiferente y agnóstica: construir su hogar desde Jesús."Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Es Jesús quien alienta, sostiene y orienta la vida sana de la familia.
El hogar se convierte entonces en un espacio privilegiado para vivir las experiencias más básicas de la fe cristiana: la confianza en un Dios Bueno, amigo del ser humano; la atracción por el estilo de vida de Jesús; el descubrimiento del proyecto de Dios, de construir un mundo más digno, justo y amable para todos. La lectura del Evangelio en familia es, para todo esto, una experiencia decisiva.
En un hogar donde se le vive a Jesús con fe sencilla, pero con pasión grande, crece una familia siempre acogedora, sensible al sufrimiento de los más necesitados, donde se aprende a compartir y a comprometerse por un mundo más humano. Una familia que no se encierra solo en sus intereses sino que vive abierta a la familia humana.
Muchos padres viven hoy desbordados por diferentes problemas, y demasiado solos para enfrentarse a su tarea. ¿No podrían recibir una ayuda más concreta y eficaz desde las comunidades cristianas? A muchos padres creyentes les haría mucho bien encontrarse, compartir sus inquietudes y apoyarse mutuamente. No es evangélico exigirles tareas heroicas y desentendernos luego de sus luchas y desvelos
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   "Josè Antonio Pagola"

21 diciembre 2012

FELIZ NAVIDAD CATEQUISTAS


Querido/a: catequista:

A pocos días de terminar el año, es necesario detenerse a contemplar las maravillas que el Señor nos ha regalado. Al contemplar agradecidos la obra de Dios renovaremos nuestra vocación de catequistas al servicio de la Palabra que se encarnó para compartir nuestra humanidad y participarnos su divinidad.

Estos días de preparación que nos quedan para la navidad son especiales para preparar el pesebre del corazón, el que no tiene imágenes de yeso sino que al mismo Jesús que espera nuestra recepción.

Para que todos celebremos una verdadera y feliz navidad, busquemos a Jesús en nuestro Belén, en el Belén de cada día. No es difícil encontrar al Señor en nuestros días, en nuestra propia casa, por nuestras calles, en nuestra comunidad, en los que están solos, en los que sufren. Esperemos al Señor, que ya llega, con gran gozo y esperanza.
Que esta navidad sea una fiesta de encuentro, de paz y de reconciliación.

¡Feliz Navidad!

Ana María, Yanet, Angélica, Viviana, Doris, Jaime y Jorge
Comisión Diocesana de Catequesis

NAVIDAD


EL VERDADERO SENTIDO DE LA NAVIDAD




Navidad es una celebración que, hoy en día, parece tener dos vertientes: una religiosa, que es la real y verdadera razón de esta celebración: el nacimiento de Jesús de Nazareth, Cristo, el Hijo de Dios, encarnado en la Virgen María.

Y por otro lado, está la fiesta meramente comercial y consumista, secularizada, que se centra en la figura de Santa Claus, misma que también tiene un origen cristiano, pues el hombre barbudo y de rojo no es otro que San Nicolás de Bari, obispo griego de la ahora ciudad turca de Mira a inicios del siglo IV d.C., y que según la tradición sobre su vida, hizo varias obras de caridad en el marco de las fiestas de Navidad, por lo que quedó enmarcado dentro de las celebraciones decembrinas, además de que la fecha de su muerte, y por tanto, de su fiesta en el santoral, es el 6 de este mes. "Santa Claus" viene a ser la forma neerlandesa de pronunciar el nombre de este personaje, mismo que se encuentra sepultado en la ciudad italiana de Bari, debido a que, durante las Cruzadas, los Turcos Musulmanes se apoderaron de su ciudad natal y los europeos se llevaron sus reliquias a la península europea, salvándoles del saqueo de los mujhaidín.

La Navidad en muchas familias, parece colocar en el centro a la figura de San Nicolás, (más conocido como el Viejito de Pascua en Chile), la figura de Santa Claus es algo positivo, siempre y cuando se recuerde quién es en realidad éste y despojándole de todo ese folklore artificial con el que lo han adornado: el polo norte, los renos, su vinculación con el invierno nevado, o de plano, todo un contexto pagano, como los duendes) y sobre todo, reducir a la Navidad a un mero pretexto para el consumismo y los regalos, parece que al final, en realidad, les importan más los balances contables de las empresas y el comercio que Cristo mismo.

Yo creo sin embargo, que debemos ir más allá y ahí sí, no es como los juguetes tradicionales, aquí sí debemos recuperar el verdadero sentido de la Navidad: todos esos buenos sentimientos quedan en nada sin Cristo y la Navidad queda, como tristemente se ha vuelto, en un pretexto más para las compras y las deudas,.

Se reduce la Navidad a una fiesta de regalar, reduciendo a la enorme figura del santo obispo de Mira, Nicolás a un ente de naturaleza vaga y que es un simple símbolo del consumismo.

El deseo parta esta NAVIDAD que ya se acerca es !!! QUE EL NIÑO JESÚS NAZCA EN TODOS SUS CORAZONES, y así la esperanza de que podemos nacer con él y renovarnos para ser mejores cada día, en la práctica de la virtud y la genuina caridad y perdón.

TALLERES DE VERANO


Taller de Formación
Año de la Fe

Sabiendo la importancia de nuestro apostolado para la educación de la fe de cada uno de los cristianos, los catequistas debemos estar siempre actualizando nuestros conocimientos y aprendiendo nuevas estrategias para poder comunicar efectivamente la Buena Noticia de Jesús al mundo.
Por eso, una vez más, hemos preparado un taller de formación para todos los catequistas de nuestra diócesis y así prepararnos para vivir este año de la fe.
El taller se realizará en la Pontificia Universidad Católica entre el lunes 7 y el viernes 11 de enero de 2013 de 18:00 a 21:00 hrs. con un aporte de $2000 por persona.
La temática a estudiar será el Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica, siendo válido para todos quienes quieran completar su formación de ocho (8) niveles impartida los años anteriores.
Los cupos son limitados, por lo que hay que inscribirse pronto en la oficina de la Comisión diocesana de Catequesis.

Inscripciones y consultas
Fono: 2255538 anexo 245
catequesisvalpo@gmail.com

comisiondiocesanacatequesis@iglesia.cl

Importante
Una vez inscrito es importante que nos avises si no puedes venir, así le permites a otro poder participar (cupos limitados).

13 diciembre 2012

COMENTARIO AL EVANGELIO DEL DIA


Reflexión • En el evangelio de hoy, Jesús opina sobre Juan Bautista. Comparado con personajes del Antiguo Testamento, no hay nadie más grande que Juan. Juan es el más grande: ¡más grande que Jeremías, más grande que Abraham, más grande que Isaías! Pero si comparado con el Nuevo Testamento, Juan es inferior a todos. El más pequeño en el Reino es más grande que Juan. ¿Cómo entender estas palabras aparentemente contradictorias que Jesús pronuncia sobre Juan?
• Poco antes, Juan había enviado a sus discípulos a pregustarle: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” (Mt 11,3). Juan parecía tener dudas respecto de Jesús, ya que Jesús no correspondía a la idea que él, Juan, se había hecho del mesías: un juez severo que tenía que venir para llevar a cumplimiento el juicio de condena y de ira (Mt 3,7). Tenía que cortar los árboles desde las raíces (Mt 3, 10), limpiar el campo y tirar el palo seco al fuego (Mt 3,12). Pero Jesús, en lugar de ser un juez severo, es amigo de todos, “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29), acoge a los pecadores y come con ellos (Mc 2,16).
• Jesús contesta a Juan citando al profeta Isaías: “Vayan y cuéntele a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan sanos, los sordos oyen, los muertos resucitan y una buena nueva llega a los pobres. Y, además, ¡feliz el que me encuentra y no se confunde conmigo!” (Mt 11,5-6; cf. Is 33,5-6; 29,18). Respuesta dura. Jesús envía a Juan a que analice mejor las Escrituras para poder cambiar la visión equivocada que tiene del mesías.
• ¡Juan fue grande! ¡El mayor de todos! Y el más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que Juan. Juan es el más grande, porque era el último del Antiguo Testamento. Fue Juan quien, por su fidelidad, pudo por fin indicar al pueblo el mesías: “Este es el cordero de Dios” (Jn 1,36), y la larga historia iniciada con Abraham alcanzó, por fin, su objetivo. Pero Juan no fue capaz de comprender el alcance de la presencia del Reino de Dios en Jesús. El tenía dudas: “¿Es el Señor o tenemos que esperar a otro?” La historia antigua, ella sola, no comunica a la persona luz suficiente para comprender toda la novedad de la Buena Noticia de Dios que Jesús trae consigo. El Nuevo no entra en el Antiguo. San Agustín decía: “Novum in Vetere latet, Vetus in Novo patet”, que traducido significa: “El Nuevo está escondido en el Antiguo. Pero el Antiguo revela solamente su pleno significado en el Nuevo”. Quien está con Jesús y vive con él, recibe de él una luz que da ojos nuevos para descubrir un significado más profundo en el Viejo. ¿Y cuál es esta novedad?
• Jesús ofrece una llave de lectura: “Con Juan Bautista finalizaron los tiempos de la Ley y de los profetas, tiempos de la profecía y de la espera. Entiendan esto si pueden: Elías había de volver ¿no es cierto? ¡El que tenga oídos, que entienda!”Jesús no explica, pero dice: “¡El que tenga oído que entienda!” Elías tendía que venir para preparar la llegada del Mesías y reconstruir la comunidad: “El reconciliará a los padres con los hijos y a éstos con sus padres” (Mal 3,24). Juan anunció al Mesías y trató de reconstruir la comunidad (Lc 1,17). Pero no captaba el misterio más profundo de la vida en comunidad. Solamente Jesús lo comunicó, anunciando que Dios es Padre y, por consiguiente, todos somos hermanos y hermanas. Este anuncio comporta una nueva fuerza que nos hace capaces de superar divergencias y de crear comunidad.
• Estos son los violentos que logran conquistar el Reino. El Reino no es una doctrina, sino un nuevo modo de vivir como hermanos y hermanas, desde el anuncio que Jesús hace: Dios es Padre de todos.

Para la reflexión personal
 • El Reino pertenece a los violentos, es decir, pertenece a los que al igual que Jesús, tiene el valor de crear comunidad. ¿Tú también?
• Jesús ayudó a Juan a comprender mejor los hechos por medio de la Biblia. La Biblia ¿me ayuda a comprender mejor los hechos de mi vida?

 
(Publicado por :Misioneros Sagrados Corazones)