01 junio 2012

EVANGELIO DIARIO





Comentario al Evangelio del Viernes 01 de Junio del 2012

El evangelio de hoy es uno de los pasajes que más me conmueven al pensar en la humanidad de Cristo. Quizá nos hemos acostumbrado pero la verdad de nuestra fe al afirmar que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, nos convierte a los cristianos en gente realmente osada.

Jesús tiene hambre. Camina, está cansado y nada hay para comer en ese momento porque pasan por una higuera “pero no es tiempo de higos”. Ni corto ni perezoso, en lugar de utilizar su poder divino para hacer florecer la higuera y disfrutar sus frutos, se enfada con ella, la maldice y la seca de raíz.

Este pasaje enmarca la expulsión de los mercaderes del Templo en el evangelio según san Marcos. Posiblemente los discípulos y el mismo Marcos se sintieron obligados a dar alguna explicación para tal comportamiento. Si se tratara de un adolescente, no hubiera sido más que una rabieta… Si aplicamos un tratado de moral clásica, Jesús se hubiera llevado por delante buena parte de las virtudes cristianas. Y sin embargo, el evangelio aprovecha este hecho para animarnos a crecer en la fe y en la perseverancia en la oración.

Para mí no deja de ser un misterio. Estamos demasiado acostumbrados a no tomar en serio la humanidad de Jesús, nuestro Dios y Señor. Y a veces, defendemos lo indefendible. Con lo fácil que sería adorar el misterio, sonreir ante la enorme sencillez de Cristo y la grandeza de su humanidad que nos salva y nos hace más humanos.

Hoy recordamos a San Justino, filósofo y mártir, “el más importante de los padres apologistas del siglo II”, según Benedicto XVI. Es un buen intercesor para pedir hoy a Dios que nos enseñe a contemplar sin escandalizarnos, la grandeza de la humanidad de Cristo, su claridad, su fe, su íntima unidad con el Padre… ¡Se nos permite maldecir alguna higuera inocente si somos capaces de volver a ella y reconocer con humildad, que solo Dios da la vida y nos concederá todo lo que le pidamos!

Hna Rosa Ruiz
 misionera Claretiana

29 abril 2012

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI


XLIX JORNADA MUNDIAL
DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

29 DE ABRIL DE 2012 – IV DOMINGO DE PASCUA
Tema: Las vocaciones don de la caridad de Dios

Queridos hermanos y hermanas

La XLIX Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 29 de abril de 2012, cuarto domingo de Pascua, nos invita a reflexionar sobre el tema: Las vocaciones don de la caridad de Dios.

La fuente de todo don perfecto es Dios Amor -Deus caritas est-: «quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4,16). La Sagrada Escritura narra la historia de este vínculo originario entre Dios y la humanidad, que precede a la misma creación. San Pablo, escribiendo a los cristianos de la ciudad de Éfeso, eleva un himno de gratitud y alabanza al Padre, el cual con infinita benevolencia dispone a lo largo de los siglos la realización de su plan universal de salvación, que es un designio de amor. En el Hijo Jesús –afirma el Apóstol– «nos eligió antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor» (Ef 1,4). Somos amados por Dios incluso “antes” de venir a la existencia. Movido exclusivamente por su amor incondicional, él nos “creó de la nada” (cf. 2M 7,28) para llevarnos a la plena comunión con Él.

Lleno de gran estupor ante la obra de la providencia de Dios, el Salmista exclama: «Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para que te cuides de él?» (Sal 8,4-5). La verdad profunda de nuestra existencia está, pues, encerrada en ese sorprendente misterio: toda criatura, en particular toda persona humana, es fruto de un pensamiento y de un acto de amor de Dios, amor inmenso, fiel, eterno (cf. Jr 31,3). El descubrimiento de esta realidad es lo que cambia verdaderamente nuestra vida en lo más hondo. En una célebre página de las Confesiones, san Agustín expresa con gran intensidad su descubrimiento de Dios, suma belleza y amor, un Dios que había estado siempre cerca de él, y al que al final le abrió la mente y el corazón para ser transformado: «¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, más yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti» (X, 27,38). Con estas imágenes, el Santo de Hipona intentaba describir el misterio inefable del encuentro con Dios, con su amor que transforma toda la existencia.

Se trata de un amor sin reservas que nos precede, nos sostiene y nos llama durante el camino de la vida y tiene su raíz en la absoluta gratuidad de Dios. Refiriéndose en concreto al ministerio sacerdotal, mi predecesor, el beato Juan Pablo II, afirmaba que «todo gesto ministerial, a la vez que lleva a amar y servir a la Iglesia, ayuda a madurar cada vez más en el amor y en el servicio a Jesucristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia; en un amor que se configura siempre como respuesta al amor precedente, libre y gratuito, de Dios en Cristo» (Exhort. ap. Pastores dabo vobis, 25). En efecto, toda vocación específica nace de la iniciativa de Dios; es don de la caridad de Dios. Él es quien da el “primer paso” y no como consecuencia de una bondad particular que encuentra en nosotros, sino en virtud de la presencia de su mismo amor «derramado en nuestros corazones por el Espíritu» (Rm 5,5).

En todo momento, en el origen de la llamada divina está la iniciativa del amor infinito de Dios, que se manifiesta plenamente en Jesucristo. Como escribí en mi primera encíclica Deus caritas est, «de hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, Él sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente. El Señor tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro encuentro a través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía» (n. 17).

El amor de Dios permanece para siempre, es fiel a sí mismo, a la «palabra dada por mil generaciones» (Sal 105,8). Es preciso por tanto volver a anunciar, especialmente a las nuevas generaciones, la belleza cautivadora de ese amor divino, que precede y acompaña: es el resorte secreto, es la motivación que nunca falla, ni siquiera en las circunstancias más difíciles.

Queridos hermanos y hermanas, tenemos que abrir nuestra vida a este amor; cada día Jesucristo nos llama a la perfección del amor del Padre (cf. Mt 5,48). La grandeza de la vida cristiana consiste en efecto en amar “como” lo hace Dios; se trata de un amor que se manifiesta en el don total de sí mismo fiel y fecundo. San Juan de la Cruz, respondiendo a la priora del monasterio de Segovia, apenada por la dramática situación de suspensión en la que se encontraba el santo en aquellos años, la invita a actuar de acuerdo con Dios: «No piense otra cosa sino que todo lo ordena Dios. Y donde no hay amor, ponga amor, y sacará amor» (Epistolario, 26).

En este terreno oblativo, en la apertura al amor de Dios y como fruto de este amor, nacen y crecen todas las vocaciones. Y bebiendo de este manantial mediante la oración, con el trato frecuente con la Palabra y los Sacramentos, especialmente la Eucaristía, será posible vivir el amor al prójimo en el que se aprende a descubrir el rostro de Cristo Señor (cf. Mt 25,31-46). Para expresar el vínculo indisoluble que media entre estos “dos amores” –el amor a Dios y el amor al prójimo– que brotan de la misma fuente divina y a ella se orientan, el Papa san Gregorio Magno se sirve del ejemplo de la planta pequeña: «En el terreno de nuestro corazón, [Dios] ha plantado primero la raíz del amor a él y luego se ha desarrollado, como copa, el amor fraterno» (Moralium Libri, sive expositio in Librum B. Job, Lib. VII, cap. 24, 28; PL 75, 780D).

Estas dos expresiones del único amor divino han de ser vividas con especial intensidad y pureza de corazón por quienes se han decidido a emprender un camino de discernimiento vocacional en el ministerio sacerdotal y la vida consagrada; constituyen su elemento determinante. En efecto, el amor a Dios, del que los presbíteros y los religiosos se convierten en imágenes visibles –aunque siempre imperfectas– es la motivación de la respuesta a la llamada de especial consagración al Señor a través de la ordenación presbiteral o la profesión de los consejos evangélicos. La fuerza de la respuesta de san Pedro al divino Maestro: «Tú sabes que te quiero» (Jn 21,15), es el secreto de una existencia entregada y vivida en plenitud y, por esto, llena de profunda alegría.

La otra expresión concreta del amor, el amor al prójimo, sobre todo hacia los más necesitados y los que sufren, es el impulso decisivo que hace del sacerdote y de la persona consagrada alguien que suscita comunión entre la gente y un sembrador de esperanza. La relación de los consagrados, especialmente del sacerdote, con la comunidad cristiana es vital y llega a ser parte fundamental de su horizonte afectivo. A este respecto, al Santo Cura de Ars le gustaba repetir: «El sacerdote no es sacerdote para sí mismo; lo es para vosotros»(Le curé d’Ars. Sa pensée – Son cœur, Foi Vivante, 1966, p. 100).

Queridos Hermanos en el episcopado, queridos presbíteros, diáconos, consagrados y consagradas, catequistas, agentes de pastoral y todos los que os dedicáis a la educación de las nuevas generaciones, os exhorto con viva solicitud a prestar atención a todos los que en las comunidades parroquiales, las asociaciones y los movimientos advierten la manifestación de los signos de una llamada al sacerdocio o a una especial consagración. Es importante que se creen en la Iglesia las condiciones favorables para que puedan aflorar tantos “sí”, en respuesta generosa a la llamada del amor de Dios.

Será tarea de la pastoral vocacional ofrecer puntos de orientación para un camino fructífero. Un elemento central debe ser el amor a la Palabra de Dios, a través de una creciente familiaridad con la Sagrada Escritura y una oración personal y comunitaria atenta y constante, para ser capaces de sentir la llamada divina en medio de tantas voces que llenan la vida diaria. Pero, sobre todo, que la Eucaristía sea el “centro vital” de todo camino vocacional: es aquí donde el amor de Dios nos toca en el sacrificio de Cristo, expresión perfecta del amor, y es aquí donde aprendemos una y otra vez a vivir la «gran medida» del amor de Dios. Palabra, oración y Eucaristía son el tesoro precioso para comprender la belleza de una vida totalmente gastada por el Reino.

Deseo que las Iglesias locales, en todos sus estamentos, sean un “lugar” de discernimiento atento y de profunda verificación vocacional, ofreciendo a los jóvenes un sabio y vigoroso acompañamiento espiritual. De esta manera, la comunidad cristiana se convierte ella misma en manifestación de la caridad de Dios que custodia en sí toda llamada. Esa dinámica, que responde a las instancias del mandamiento nuevo de Jesús, se puede llevar a cabo de manera elocuente y singular en las familias cristianas, cuyo amor es expresión del amor de Cristo que se entregó a sí mismo por su Iglesia (cf.Ef 5,32). En las familias, «comunidad de vida y de amor» (Gaudium et spes, 48), las nuevas generaciones pueden tener una admirable experiencia de este amor oblativo. Ellas, efectivamente, no sólo son el lugar privilegiado de la formación humana y cristiana, sino que pueden convertirse en «el primer y mejor seminario de la vocación a la vida de consagración al Reino de Dios» (Exhort. ap. Familiaris consortio,53), haciendo descubrir, precisamente en el seno del hogar, la belleza e importancia del sacerdocio y de la vida consagrada. Los pastores y todos los fieles laicos han de colaborar siempre para que en la Iglesia se multipliquen esas «casas y escuelas de comunión» siguiendo el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret, reflejo armonioso en la tierra de la vida de la Santísima Trinidad.

Con estos deseos, imparto de corazón la Bendición Apostólica a vosotros, Venerables Hermanos en el episcopado, a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos, a las religiosas y a todos los fieles laicos, en particular a los jóvenes que con corazón dócil se ponen a la escucha de la voz de Dios, dispuestos a acogerla con adhesión generosa y fiel.


BENEDICTO XVI

19 abril 2012

LA IGLESIA, COMUNIDAD DE ESPERANZA


LA IGLESIA...
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            La Iglesia es la comunidad de “todos los que anhelan su venida” (2Tim 4,8). Aunque al comienzo de su apostolado Pablo esperó y quizás anheló una venida inmi nente de Cristo, de hecho nunca se dejó llevar por aquellos espejismos que sedujeron a los cristianos de Tesalónica y de otros lugares.

            Nadie sabe nada sobre la vuelta del hijo del hombre. Vendrá como un ladrón. Hemos de estar siempre dispuestos y vigilantes.

            La vida de la Iglesia es una larga vigilia, una preparación activa y paciente del regreso de su esposo. La iglesia no tiene que desertar del mundo para prepararse mejor a esta visita; al contrario, tiene que sumergirse en las tinieblas del mundo para hacer que brille allí el resplandor de su esperanza. La Iglesia es la comunidad de la esperan za, no solamente porque vive en tensión amorosa y anhelante la venida de su Señor, sino también porque compro- mete a todos los hombres a transformar sus más humildes esperanzas humanas en la gran esperanza teologal.

            Con esta finalidad, Pablo da unos consejos muy enérgicos a los tesalonicenses:

·         Han de velar sobre ellos mismos para no caer en el desaliento.

·         En lugar de abandonar el mundo, han de insertarse en él con una vida de trabajo que sea ejemplo para todos.

·         Que la Iglesia sea testigo de la esperanza que anida en ella y que la guía por medio de una caridad fraterna ejemplar y de una pureza de toda la persona (1Tes 5,4-8).
 
ARCIPRESTAZGO MANCHA-NORTE
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ESCUELA DE CATEQUISTAS


18 abril 2012

EL CATEQUISTA NUEVO


Extracto de un articulo actual y de interés para los catequistas...

Parece pertinente hablar hoy de la formación de los catequistas y de los agentes de pastoral o educadores de la fe. La pertinencia se inscribe en la misma lógica con la que reflexionamos actualmente sobre la pastoral o la catequesis. Lo ilógico sería que emprendiéramos una reflexión pastoral que no incluyera a los agentes de la pastoral y de la catequesis.

Podemos tener hoy la sensación de estar  construyendo una reflexión teórica sobre la pastoral y la catequesis y descubrir que, en la práctica, todo sigue igual, porque los que están bregando en la arena de las comunidades cristianas, por lo general, siguen haciendo lo mismo, siguen siendo los mismos y no se nota una especial preocupación por su formación. Es cierto que la reflexión teórica parte de la experiencia de la práctica, pero no siempre quienes reflexionan son los que están en la práctica. Más aún, los agentes de base con frecuencia aportan datos para una reflexión que ellos no hacen. Esto nos puede llevar a una perplejidad: ¿Cómo es posible que quienes están trabajando a pie de obra no se den cuenta de muchas cosas que están en la mesa de la reflexión?

Desde el campo específico de la catequesis, hoy disponemos de unas grandes líneas de formación de los catequistas bien definidas por los documentos catequéticos tanto de la Iglesia universal como de las Iglesias particulares; pero no se puede decir que estas hayan calado en el tejido de las comunidades eclesiales. Las escuelas de formación de catequistas han disminuido.

Cuando aquí hablamos del catequista nuevo, estamos apuntando a dos realidades íntimamente entrelazadas: la persona que tiene la misión de educar en la fe a otros en el corazón de la comunidad cristiana, y, también, la misma realidad de la formación que se le propone: qué formación y qué modo de formar.

La necesidad de abrir una reflexión sobre la formación de los educadores de la fe  aparece en el terreno mismo de la acción, cuando nos vemos obligados a decir: “para hacer esto (transmisión de la fe, anuncio del Evangelio, hablar de Dios al hombre de hoy) hay que estar bien formados”. Por lo que se refiere a los catequistas, tenemos afirmaciones tajantes en el Magisterio de la Iglesia: 
“La pastoral catequética diocesana debe dar absoluta prioridad a la formación de los catequistas laicos” (DGC, 234). Sería señal de poca finura intelectual y pastoral no ver la necesidad de formación, y, además, sería una falta de sensibilidad hacia las personas y hacia el mismo Evangelio. 
1. Razones para una reflexión sobre la formación de los agentes de pastoral y de los catequistas

En un primer momento es bueno que tracemos una panorámica que nos permita discernir la pertinencia de la reflexión sobre la formación del catequista, o, dicho de otra manera, los focos de la realidad que nos piden una profundización sobre la formación del educador de la fe, del catequista nuevo en la Iglesia.
  
1.1. La reflexión actual sobre la catequesis

¿Qué vemos, qué está pasando en el mundo de la catequesis? Es un mundo “tensionado”. No es que no dispongamos  en la actualidad de “buenas reflexiones y principios catequéticos” (bastaría tomar el Directorio General para la catequesis en la mano), es que no acertamos, a pesar de los intentos, a poner en práctica la reflexión catequética y pastoral que hacemos. 

La reflexión nos conduce a varias posibilidades de acción y, a las puertas de la acción, nos detenemos y todo se paraliza. Posiblemente intuimos que cambiar la praxis en pastoral y catequesis no es una cosa mecánica, sino algo que “compromete” a la persona, a la comunidad y a la acción en sí. Hay novedades pastorales que son solo posibles si detrás de ellas hay personas convertidas, es decir, personas que se creen lo que hacen y por qué lo hacen.

¿Qué está pasando en el mundo de los catequistas? Hay catequistas buscadores, inconformistas, que no se contentan con la realidad presente y reflexionan y abren caminos… Y hay catequistas cansados, sin ganas de formación y mirando más a repetir esquemas basados en lo mesurable cognitivamente que en otras opciones de iniciación cristiana.

 Esto nos lleva a preguntas importantes. ¿Cómo es posible que con lo que está pasando en el mundo, en la catequesis, en la educación… no haya más inquietud formativa en el colectivo dedicado a la educación en la fe? ¿Cómo es posible una novedad pastoral y catequética sin unos catequistas nuevos?...

Alvaro Ginel Vielva

Director de la Revista CATEQUISTAS








08 abril 2012

CRISTO NUESTRA PASCUA


Estamos viviendo el tiempo más hermoso de nuestra Iglesia, 
“La Pascua”. Hermosa porque el Jesús del Amor y de la Misericordia entregó su vida por nosotros, pero no se quedó ahí, porque el Dios Padre y la fuerza del Espíritu Santo lo sacó de la tierra de los muertos. 
Como cristianos no nos podemos quedar en el Viernes Santo, sino resurgir de las tinieblas y salir a la Luz 
de Cristo resucitado. 
“Vino la gloria del Padre y amaneció el primer día. Envuelto en la blanca túnica de su propia luz divina, la 
sabana de la muerte dejada en tumba vacía, Jesús, alzado, reinaba; pero ella no lo veía”. 
La Pascua de Resurrección,  nos lleva siempre a reconocer el señorío de Jesús, vivo y resucitado en medio de la Iglesia, su pueblo santo. 
Que el espíritu de Cristo resucitado nos ilumine a todos con la claridad de su rostro. 
“Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría  y nuestro gozo. ¡Aleluya!” 


07 abril 2012

VIERNES SANTO

El Vía Crucis (traducido: "Camino de la Cruz") es una oración que tiene como objetivo hacernos conocer y meditar la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en su camino al Calvario. Éste camino comienza en la casa de Pilatos, donde Jesús es condenado a muerte, y finaliza en el Monte Calvario donde muere. Se representa por medio de una serie de imágenes de la Pasión a las que se las llama "Estaciones" y corresponden a incidentes particulares que Jesús sufrió por nuestra salvación.     

Las estaciones son 14:

 1.Jesús es condenado a muerte



 2.Jesús carga con su cruz




 3.Jesús cae por primera vez

4.Jesús se encuentra con su Santísima Madre

5.El cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz
6.La Verónica enjuga el rostro de Jesús

7.Jesús cae por segunda vez
8.Jesús encuentra a las santas mujeres que lloran por Él


9.Jesús cae por tercera vez


10.Jesús es despojado de sus vestiduras y le dan a beber hiel y vinagre
11.Jesús es clavado en la cruz

12.Jesús muere en la cruz




13.Jesús es bajado de la cruz y colocado en brazos de su Santísima Madre


14.Jesús es sepultado

REFLEXIÓN PARA ESTE DIA SANTO

Sábado Santo

1. Hoy amaneció diferente. La oscuridad, la confusión y el temor parecen reinar en el mundo. Hemos sido testigos de la muerte de un hombre justo, hemos visto cómo se libraron de él porque sus palabras sonaban incómodas y desafiantes. Muchas veces se abrió paso y se libró de quienes querían eliminarlo; mucho había durado reprochando a los poderosos su actuar marcado por la comodidad y la hipocresía… hasta que lo agarraron y se libraron de él.
¿Qué haremos ahora? Era un hombre justo, que hablaba siempre de paz, de reconciliación y de recompensas eternas, nunca tuvo miedo de decir la verdad… pero no tuvimos el coraje para defenderlo, no nos salieron las palabras para gritar por su vida, no pudimos protegerlo porque el sueño era más fuerte, no logramos comprender sus palabras de vida, de justicia, de perdón, de resurrección. ¡Sí, habló de resucitar! ¿Se acuerdan cuando nos contó eso de ser entregado en manos de los paganos y de tener que sufrir mucho? Siempre terminaba diciendo que el tercer día era el más importante, el día en que todo lo antiguo pasaría y se restablecería un orden nuevo; ¡es cierto, lo escuché por lo menos tres veces decir que el Hijo del Hombre resucitaría al tercer día…! ¿Se refería a esto que estamos viviendo hoy? Hoy sería el segundo día, es decir ¡mañana estará vivo de nuevo! Entonces, este silencio que nos envuelve no es un silencio de muerte ni de duelo, es un silencio expectante, todos estamos aguardando la aparición gloriosa del Maestro. Es la esperanza la que nos mantiene hoy en pie. ¡Claro! No podía ser la muerte, tantas veces dominada por él (en Lázaro o en la hija de Jairo), la que lo retuviera. Hoy es un día de esperanza, la esperanza en que volveremos a verlo caminar entre nosotros.
2. A veces la razón no nos deja contemplar en toda su profundidad el misterio que celebramos. Podemos vivir estos días de Semana Santa como quien examina melancólicamente un álbum fotográfico. Evocamos recuerdos, nos estremecemos con las imágenes que se agolpan en nuestra memoria, sentimos compasión al mirar al crucificado o nos sentimos miserables al medita las palabras del profeta Isaías: “Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada. Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados” (Is 53, 3 – 5).
Si nos quedamos sólo en esto, estaremos viviendo la superficie de nuestra Semana Santa; sería como disfrutar la cáscara sin tomar en cuenta la fruta y el néctar que año a año se nos ofrece para disfrutar y profundizar en el camino hacia Dios. Si no entramos en nosotros mismos y descubrimos en la propia vida personal el misterio pascual estaremos viviendo casi por rutina una semana más del año.
Hoy, tal vez se nos ha olvidado que la pasión, muerte, resurrección y glorificación del Señor son siempre actuales y no sólo efemérides que nos regalan un par de feriados en el calendario. ¿Será que acaso estamos tan cerrados en nosotros mismos que no vemos el dolor y la muerte a nuestro alrededor o incluso en nosotros mismos? ¿No sentimos ese silencio de muerte que envuelve nuestra sociedad, nuestra familia y nuestra Iglesia? Hoy no es día de duelo por la muerte de Jesús porque Él está vivo.
Hoy nos toca llorar por nosotros, que no hemos estado atentos al reino de la muerte que cada día dejamos entrar más en nuestro mundo. Hagamos duelo hoy por los que mueren de hambre mientras otros botan comida; hagamos duelo por los que injustamente son condenados a muerte en el vientre de su madre, hagamos duelo por las mujeres y los niños que se ven obligados a vender su cuerpo para poder sobrevivir; hay muchos hombres que hoy están crucificados por nuestro silencio; y muchas mujeres condenadas a muerte por nuestra comodidad; hay muchos niños azotados y coronados de espinas por nuestros intereses egoístas; muchos ancianos abandonados y traicionados por nuestro pragmatismo económico… por ellos sí hay que llorar y hacer duelo, por ellos sí golpeémonos el pecho, por ellos y por nosotros, contemplando al que traspasaron, actuemos para esperar un cielo, una tierra, un mundo nuevo, fruto de la resurrección de Jesús en cada uno de nosotros.
3. Una antigua homilía de sábado santo imagina y cuenta el encuentro de Jesús con Adán en el lugar de los muertos. El descenso del Señor a los infiernos no dice relación con una condena sino con una liberación, es decir, Cristo al morir desciende al lugar de los muertos para rescatar de la muerte a todos los que, por el pecado original, estaban privados del encuentro definitivo con Dios. La muerte de Jesús es el rescate de todos los que antes de él habían muerto y es garantía para todos los que muramos después de Él. Cada una de las torturas que sufrió el Señor, sirvieron para devolvernos nuestra dignidad original de hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza.
Así, hoy podemos reflexionar sobre las cadenas que aun nos mantienen esclavos de la muerte. Las cadenas del dinero, del poder, del egoísmo y del sentirse dueño de la verdad; las cadenas de la soledad, del miedo, de la tristeza y del pesimismo; las cadenas de la enfermedad, la incomprensión, la injusticia, la traición, la mentira; las cadenas del hambre, de la violencia, de la desigualdad, de la negación de Dios… estas cadenas nos impiden ver en nuestros hermanos y hermanas la imagen de nuestro Padre y nos oculta la semejanza que cada uno tiene con el mismo Hijo de Dios muerto y resucitado. Estas cadenas que nos oprimen y nos hacen oprimir a los demás nos mantienen en el reino de la muerte. Hoy viene el mismo Jesús a buscarnos y liberarnos. No es un recuerdo, no es imaginación. El dolor que provocan estas cadenas lo sentimos en nuestro cuerpo, en nuestro espíritu y en el alma, es real; como real es también que hoy nos vienen a rescatar del reino de la muerte para llevarnos al Reino de la Luz y de la Vida, la vida que no se termina, la vida que ya nadie nos podrá quitar, la vida nueva de cristianos muertos a la maldad y resucitados para multiplicar la vida en nuestro mundo y ser, así testigos de la resurrección.

JUEVES SANTO

 
REFLEXIÓN JUEVES SANTO
 
El jueves Santo como sabemos es el día de la Eucaristía y el día del sacerdote. Esto nos invita a alegrarnos de estos dones tan extraordinarios que nos legó Jesús. 

Señor Jesús, he venido a visitarte:
Señor Jesús, he elegido este momento para venir a visitarte y estar unos minutos contigo. Estoy aquí para hacerte compañía, a Ti, que de mil maneras me has demostrado y me sigues demostrando día a día, que: eres mi Padre y siempre me estás esperando. Y Tu, al verme venir, como el padre del hijo pródigo, "Corres, te echas sobre mi cuello y me besas" (Lc.15:20) y quieres "Hacer fiesta y regocijarte porque...me había perdido y he regresado"(Lc.15:32). Ahora que estoy contigo y me estás recibiendo con los brazos abiertos, mueve mi corazón para valorar el amor que me tienes, amor que te lleva a olvidar mis fallas, haciéndome sentir que para Ti soy alguien muy especial, a quien amas infinitamente y recibes con gran alegría, a pesar de que con frecuencia encuentro excusas y pretextos para no corresponderte y justificar que no puedo venir a visitarte.
 "El que cree en mí, tiene vida eterna". (Jn.6:47). Creo en tus palabras: "Yo soy el pan de vida". (Jn.6:48) Creo en el milagro maravilloso que realizaste en la última cena, al tomar el pan diciendo: "Esto es mi cuerpo, que será entregado por ustedes" (Lc,22:19) . Creo que en cada Celebración Eucarística vuelves a obrar ese milagro en manos del sacerdote y te conviertes en "El pan que ha bajado del cielo" (Jn. 6:41), recordándome que "El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí, no tendrá sed jamás" (Jn.6:35). 

03 febrero 2012

UN SALUDO FRATERNO

Queridos catequistas, son un tesoro precioso de la comunidad cristiana: gracias. Gracias, catequista, por estar ahí, en la brecha, todas las semanas… por dedicar tu tiempo y tu persona a otros, por “tomar parte en los duros trabajos del Evangelio” (2 Tim 1,6-8). Sé que no corren tiempos fáciles para la evangelización y la catequesis; quizá nunca lo fueron. Sé que te puede asaltar la pregunta: ¿Y total para qué? Un lamento y una
queja que no son superficiales. No te falta razón en parte, porque al final hay pocos frutos, o no se ven, y esto desanima. Tienes madera de héroe por no dejarte vencer por el desánimo y o la tentación de abandonar y dimitir.
Y, sin embargo, hoy te entregamos  estas palabras para agradecer a Dios el don de tu vocación y elección, porque sí, fue Él quien te llamó y te eligió..... y tu respondiste sí. GRACIAS.



                                    (CATEQUÉTICA, revista del Secretariado Nacional de Catequesis de España (Nº 186, abril-junio 2000, pp.261-278).

21 enero 2012

COMENTARIO DEL DÍA


Evangelio: Marcos 3,20-21
En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discipulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.

El acceso a lo real no es tan fácil ni inmediato como a veces damos por supuesto. No todos ante una misma realidad nos situamos en la misma perspectiva. Donde más diferencias se dan tal vez sea en nuestros juicios con respecto a determinadas personas. Ante ellas asumimos las más opuestas posturas. Precisamente esta situación es la que presenta el evangelio de hoy, que por otra parte es muy breve. Dos grupos de personas reaccionan de manera diversa ante el comportamiento de Jesús.

• Unos le admiran incondicionalmente. Quedaron deslumbrados por Él y lo buscan, lo siguen, lo agobian,… no le dejan en paz. Posiblemente sus intenciones no eran del todo limpias. Le buscaban por los beneficios que Jesús les proporcionaba y por la espectacularidad de sus curaciones y milagros. Su relación con Jesús era gratificante y divertida, pero efímera. El tono era de superficialidad. 
• Otros, en este caso sus familiares y allegados, advierten su insólito comportamiento e interpretan que no está en sus cabales. Por eso, tratan de sacarle de la vía pública. Entienden que su comportamiento además de extraño es excesivamente notorio y esto podría acarrearles serios problemas. No estaban dispuestos a complicarse la vida ni a manchar su apellido. Su relación con Jesús se estaba volviendo peligrosa. De ahí su intento de “controlarle” poniéndolo bajo su custodia a buen recaudo.
¿Qué haría María? No me la imagino ni atemorizada por la conducta de su hijo, ni descontrolada por los éxitos clamorosos de su incipiente vida pública. Ella haría lo de siempre: No despreciar nada de lo que estaba viendo y oyendo, sino guardarlo en la molienda de su corazón hasta lograr entender. Llegar a comprender a Jesús es un camino largo, que exige primero de la memoria y que sólo se alcanza por una revelación, una luz de lo alto que ilumina, desvela y permite el acceso a la verdad. Solo se ve cuando se va más allá de lo que dictan los primeros sentimientos. Si María es nuestra madre y formadora, ¿Qué podríamos aprender hoy de ella? 

Extraído de Ciudad redonda

Juan Carlos cmf 



 



20 enero 2012

EVANGELIO DEL DÍA. SAN MARCOS 3,13-19

El evangelio de hoy alude a  una espléndida síntesis de pastoral vocacional. Alude a tres acciones que realiza Jesús para constituir el grupo de los Doce. Tales acciones, a su vez, se convierten en normativas para la promoción de todas las vocaciones cristianas. Desde esta perspectiva nos acercamos hoy a la Palabra. En cada bautizado ha de repetirse el triple proceso que ahora comentamos.

• Llamó a los que quiso. Lo primero es convocar, hacer una propuesta clara dirigida a personas concretas. Se trata de una elección. No pide voluntarios a mano alzada. Desconocemos los motivos por los que escogió a aquellos precisamente y no a otros con un mejor currículo. No hizo un casting para seleccionar a los candidatos más aprovechables. Ni siquiera nos consta que hiciese un sondeo previo, ni una consulta a expertos. El amor tiene sus razones que la razón no huele. La Iglesia necesita una pastoral vocacional que formule propuestas claras de seguimiento, sin mantenerse a la espera de voluntarios que llamen a la puerta. 
• Los hizo sus compañeros. Antes de nada, Jesús quiso rodearse de amigos. No hay misión sin comunidad. No buscaba funcionarios, ni especialistas, ni profesionales. Buscaba amigos, personas con quienes estrechar una relación de conocimiento y amistad. El amor era su credencial. La relación personal con Jesús es condición necesaria  en las cosas del Reino. No hay pastoral vocacional auténtica sin el conocimiento y la amistad con Jesús. Sin liberar espacios para el encuentro y la oración nunca puede haber auténtica pastoral de las vocaciones.
• Para enviarlos a predicar con poder… Quiso compartir con ellos sus sueños y convertirlos en sus colaboradores en el avance imparable del Reino. Pero el poder transmitido por Cristo no es como el que pasa de un presidente de gobierno a un ministro. Jesús no envía a los apóstoles a predicar “en su lugar”, sino para que estén “con Él”. De hecho, Él nunca los abandona, está presente continuamente y actúa siempre, aunque parezca que solo actúan los hombres. Pero el poder de estos hombres depende sólo del hecho de que son miembros del único Cuerpo de Cristo. La pastoral vocacional es misionera. Jesús convoca para la dispersión apostólica. Pero sólo comparte con sus amigos el poder que tiene para derrotar el mal. 
Colaborar con Jesús en llamar, amar y enviar es la estrategia que mantiene la continuidad de la comunidad de Jesús. Es el único procedimiento de la auténtica pastoral vocacional. 
Extraído de Ciudad  Juan Carlos cmf 


                                                         



                                               

19 enero 2012

CANCIÓN "En Ti vivimos" (Cristóbal Fones)

PALABRA Y VIDA


San Marcos 3, 7 – 12.
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a orillas del lago y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Indumea, de Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. Acudió a él una gran multitud, al enterarse de lo que hacía. Como había mucha gente, encargó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que no lo estrujaran. Pues había sanado a muchos, y a quienes padecían dolencias se le echaban encima para tocarlo. Los espíritus impuros, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: - “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero, Él les prohibía enérgicamente que lo descubrieran. 

COMENTARIO

Los espíritu Inmundos en los tiempos de Jesús, es algo muy común. Tal vez, es que el termino nos suena a algo bastante misterioso, nos suena a fantasma o a algo tenebroso; en realidad de lo que se trata de de todas aquellas formas de pensamiento que se instalan en las personas que les impiden ser personas. Espíritu inmundo, es cuando reproducimos conceptos o practicas cargadas de violencia, o que se sustentan en la provocación del miedo, para evitar que las personas puedan opinar con libertad sobre situaciones que les preocupan. A estas personas Jesús también las invita a que no se dejen llevar por esas fuerzas, que sean capaces de liberarse de estas mentalidades para que sean dueños y dueñas de sus propias opiniones, y que no tengan miedo a decir lo que piensan y lo que sienten.

COMENTARIO DEL EVANGELIO


Del evangelio de hoy, cuyo tema central está en continuidad con el de días anteriores, rescatamos algunos detalles menores a los que a veces no prestamos atención.
• El lugar donde ocurren los hechos: la sinagoga. Jesús estaba en territorio enemigo: Entre la gente y ante la mirada inquisitiva de los adversarios. Moverse con soltura en esos terrenos requiere un notable nivel de libertad. Jesús es libre. No tiene por qué esconderse. Hace el bien a la luz. Esa es una primera lección. Esconderse no es por sistema una conducta sana ni justificable, aun cuando alguna vez sea prudente.
• La orden dada al paralítico de colocarse en medio, a la vista de todos. Un hombre que no puede trabajar – la mano se identifica con el trabajo- es colocado en el centro, a la vista de todos. Ante él Jesús primero pregunta y, después, actúa. Este enfermo incapacitado no es solo protagonista, sino juez en la escena. El lugar del necesitado es el centro y ante él hemos de dar cuenta de nuestra conducta. Una vez más Jesús instituye tácitamente a los pobres como nuestros jueces.
• La mirada de Jesús dolida y llena de ira por la obstinación. Es una de las veces en las que Jesús aparece caracterizado con emociones. Aparecen descritas sin pudor por el evangelista y nos introducen en el corazón sufriente del Maestro. Su alma desconoce la insensibilidad. La imperturbabilidad ante la necesidad o la justificación de la no intervención a favor del necesitado pone a Cristo de malhumor. A nosotros se nos debían saltar también las alarmas ante ellas.
• Fuera de la sinagoga planean acabar con Jesús. No a la vista de todos, sino en secreto, en la oscuridad… en ese lugar donde el mal se hace fuerte porque es cobarde y no resiste la luz. Las tinieblas siempre tratan de aniquilar la luz. La cultura de la muerte es perversa: trata de eliminar a Jesús, de la forma que sea, por las buenas o por las malas, con hechos o con el olvido…
La primera lectura relata la insólita victoria de David sobre Goliat y ambienta el evangelio con su perspectiva propia: En la debilidad está la fuerza. Es la cultura de la vida victoriosa. Dios se sirve a veces explícitamente de lo más débil para conseguir sus planes.

Extraído de Ciudad redonda
Juan Carlos cmf



17 enero 2012

EVANGELIO DEL DÍA

Comentario: Lectura San Marcos  2,23-28

La religión nos puede liberar o bien paralizar. Y, al igual que la religión, cualquier otra dimensión fundamental humana puede liberarnos o someternos.

Aquí tenemos un ejemplo concreto de cómo la novedad de Jesús rompía los viejos esquemas. El mandamiento de no trabajar el sábado -con todo el sentido positivo que tiene, haciendo lugar al necesario descanso- en la anquilosada interpretación de algunos fariseos, se había vuelto una carga pesada, que aplastaba al hombre y le restaba vida y libertad. Jesús, como David, es capaz de hacer algo nuevo, inédito, y no por mero afán transgresor, sino para devolverle a la Ley de Dios su auténtico sentido.

16 enero 2012

SEGUNDO LUNES DEL TIEMPO ORDINARIO

Evangelio según San Marcos 2,18-22.
 

Comentario del Evangelio del día
                   En el evangelio alguna vez aparece Jesús ayunando, pero no canoniza en ninguna norma esta recomendable práctica. A lo más identifica como bienaventuranza “el hambre y la sed de justicia”. Pero este ayuno es de otro orden distinto, no necesariamente alimentario. En el relato evangélico que nos ocupa, añade algo más para el discernimiento: Hay algo que es superior al mismo ayuno y que lo relativiza: la presencia del “Novio” en medio de sus amigos. Coloca su relación con los suyos en un horizonte nupcial, de alianza. Con Jesús presente no cabe el duelo, sino la fiesta. Su cercanía es motivo superior de alegría incontenible y de la fiesta desmesurada. Ya habrá tiempo para el ayuno, cuando falte. El ayuno, según esto, tiene su sentido en su ausencia, en su espera,… es signo de la nostalgia, disposición de espera, sello de que nada llena de sentido y plenifica la vida como la cercanía del Hijo de Dios.
Jesús hoy no es visible, pero no es un ausente. Reconocerle en su comunidad requiere una especial sensibilidad y, además, capacidad de acogida. Esta es la llamada que hoy nos dirige la Palabra: Cambia tu mirada, ensancha tu corazón, reconoce en la fe su presencia y hazle fiesta… No vayamos a recibir el reproche que Samuel hace a Saúl, tal como relata la primera lectura de hoy: “¿Por qué no has obedecido al Señor?”.                                    
Extraído de Ciudad redonda.   
Juan Carlos cmf

13 enero 2012

EVANGELIO DEL DIA

 San Marcos 2,1-12.
Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa.
Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.
Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres.
Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados".
Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior:
"¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?"
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: "¿Qué están pensando?
¿Qué es más fácil, decir al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate, toma tu camilla y camina'?
Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados
-dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".
El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: "Nunca hemos visto nada igual".



 

12 enero 2012

EVANGELIO DIARIO

Dios tiene muchos medios para lograr esa renovación de nuestra mente, algunos de los, su palabra nos alimenta, nos santifica, nos ilumina

Comentario al Evangelio: San Marcos 1,40-45
El cuerpo humano es una maravilla. Células, tejidos, órganos... conexiones, movimientos, respuestas. Si no existiera, costaría trabajo siquiera pensarlo. ¿Y qué decir del alma humana? Más increíble todavía: percepciones, memoria, lenguaje... capacidad de amar y ser amado, libertad, apertura a lo Absoluto. De la complejidad y maravilla de ambos se entiende su fragilidad. Algo puede fallar.
Al vivir en sociedad, también formamos parte de un “cuerpo social” y un “alma social”. Y lo que recibimos de los demás influye poderosamente en nuestra vida, para bien o para mal.
Hoy el evangelio nos habla de enfermedad. Una de las comunes en el tiempo de Jesús: la lepra. En el antiguo Israel, los que tenían esta enfermedad eran apartados de la sociedad, siendo considerados malditos. Puede representar a cualquier dolencia, en el cuerpo o en el alma, que afecta al ser humano y le disminuye en su actividad y en sus relaciones con los demás, hasta llegar a oscurecer la vida recibida.
Jesús aparece como el que se acerca a toda enfermedad y dolencia, y atreviéndose a tocar a la persona, puede aliviarla y reconfortarla de una manera impensable. Porque es el Hijo del Dios que rompe las barreras y quiere traer vida, y vida para todos.
Hoy puede ser un buen día para, desde tus enfermedades y dolencias, presentarte humilde al Señor: “Si quieres, puedes limpiarme”. Y déjate confortar por Él. Para seguir caminando. Porque la tierra prometida está más cerca que cuando empezaste a caminar. Aunque a veces no te lo parezca.
                                                                       Extraído de Ciudad redonda.
                                                                     Luis Manuel Suárez, claretiano

11 enero 2012

SEMBRANDO ESPERANZA

La formación permanente de los catequistas comprende varias dimensiones, la más profunda hace referencia al ser del catequista, a su dimensión humana y cristiana.
La formación,  ha de ayudar a madurar, ante todo, como persona, como discípul@  y misioner@l, para aprender a vivir en comunidad (DGC 238). Es facilitar el descubrimiento y desarrollo de sus valores humanos y espirituales, su vocación y misión, sin olvidar que ésta es una realidad dinámica como tarea de toda la vida.
SER PERSONA
 1. ¡Eres persona!
2. ¡Sé una persona madura!
3. ¡Acéptate, valórate y confía en ti mismo! 
4. ¡Acéptate, valórate y confía en ti mismo! 
 SER CREYENTE
 5. Creyente es el que cree, espera y ama
6. Creyente es el que vive su fe en comunidad
7. Creyente es el que vive las bienaventuranzas
 SER DISCÍPULO MISIONERO
 8. El catequista: Elegido y enviado por Dios
9. El catequista: Profeta del Reino
10. El catequista: Educador de la fe